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DE LARGO ALCANCE

El hornazo

El hornazo no es un gasto, sino una inversión. Te garantiza el paso más directo y placentero desde el rigor semanasantero al paganismo desatado

Lunes, 8 de abril 2024, 05:30

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No lograba decidirme y seleccionar uno de los numerosos hornos salmantinos que hacen del hornazo una palpitante e inspiradora obra de arte, así que he comprado varios. Al fin y al cabo, el hornazo no es exactamente un gasto, sino una inversión. Te garantiza el paso más directo y placentero desde el rigor semanasantero al paganismo desatado, para así volver a requerir la misericordia de nuevo y mantener girando eternamente la rueda de la salvación. Pasamos de la semana in albis al lunes in aquis sin solución de continuidad, del sacrificio al jolgorio primaveral sin echar atrás la mirada; del tiempo santo al tiempo profano sin cambiar siquiera de reloj. Y el reloj avanza a tal velocidad que apenas somos conscientes de ello. Hace sólo cuatro años, nos comíamos el hornazo confinados en el balcón, atemorizados por el bicho. Hoy el bicho se nos come a nosotros. Puigdemont ya ha hecho mudanza desde Waterloo para instalarse en la comarca del Vallespir, en el sur de Francia, a tiro de piedra del 12M. Este fin de semana ha celebrado su primer acto de precampaña en la localidad de Elna y cruzará la frontera impunemente en cualquier momento, ahora que la amnistía es un hecho y va camino de lo demás. De milagro no se nos presenta en el Puente Romano a comer el hornazo, mientras que los felones que han hecho posible esta humillación al Estado, a cambio del elegiaco puñado de votos, no pueden ni poner un pie en la calle porque los corren a gorrazos.

Parece sorprendido el tal Puente, que defendió personalmente en el Congreso la amnistía, por el hecho de que se hable mal de él en la prensa. Va a flipar cuando se atreva de nuevo a salir a la calle y escuche lo que se masculla sobre su nombre en los bares de Valladolid, donde el personal sentencia sin diccionario a mano y tirando de los primeros improperios que le vienen a la boca. O en los andenes de la estación de tren de Salamanca, sin ir más lejos, por parte de los usuarios del insuficiente y tercermundista tráfico ferroviario a Madrid, que este fin de semana han vuelto a sufrir retrasos, asientos vacíos en trenes en los que no se podía reservar plaza y la sempiterna carencia de líneas. Se le atragantaría el hornazo a Puente si esa frustración y ese abandono llegasen a sus oídos en forma de dedicatorias. Está claro que le falta materia gris al ministro para entender que lo peor que se dice de él no son los insultos, sino la descripción de su trabajo político. Para que sus esbirros del corta y pega capten el mensaje al completo en la próxima lista, se me ocurre que anoten esto: felóntrenensalamanca ya y vendidonecesitoiryvolveramadrid enelmismodía.

Más listo es Sánchez, que sigue de presidente solamente porque a Puigdemont le conviene, que deja que Puente se lleve las bofetadas destinadas a él y que hace acto de presencia solo allí donde los pobres muertos no pueden abuchear a nadie. Desde que la ley permite que te eutanasien al primer descuido, había pensado hacer testamento vital. Pero después de ver a Sánchez en el Valle de los Caídos, he decidido firmarlo hoy mismo y dejar expresamente establecido que ningún político tiene derecho a visitar mi tumba ni a utilizarme como muerto de usar y tirar. Orden de alejamiento. Yo lo que quiero es recibir las visitas de los míos, que puedan ir y venir en tren desde cualquier parte a ponerme flores y que no llore nadie. Que rían, con la bota de vino y para comer un hornazo en mi memoria el día en que ya no esté, que ya me encargaré yo de seguir comiéndolo cada Lunes de Aguas en el cielo. Porque imagino que allí hay hornazo, suministrado puntualmente por varios de los hornos de Salamanca. ¿Qué cielo sería ese, si no hubiera allí un buen hornazo?

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