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A MIL PASOS

Gafas inteligentes

La persona que asuma el bastón rectoral tendrá ante sí un desafío para asentar el futuro de la institución

Jueves, 14 de marzo 2024, 05:30

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Pues habrá tenido mala noche. Esa fue la impresión de las profesoras que cuidaban un examen de Filología Inglesa en la Universidad de Salamanca cuando uno de sus alumnos, chino concretamente, apareció en la clase con la cara algo larga, pero con mucha tranquilidad y unas contundentes gafas negras que ocultaban por completo sus ojos.

Como no era un día de sol, las opiniones de las dos docentes se dividieron. Una supuso el esfuerzo denodado hasta la madrugada tratando de capturar el máximo número de verbos irregulares y 'phrasal verbs', la otra supuso un esfuerzo denodado hasta la madrugada tratando de hacer otras capturas.

El caso es que el examen se desarrollaba sin incidencias hasta que una de ellas atisbó desde el final del aula un reflejo extraño en las ya famosas gafas. Tras una disimulada maniobra de aproximación, constató que el alumno en cuestión portaba unas gafas inteligentes con las que estaba copiando tan ricamente casi sin mover una pestaña.

El estudiante aceptó con resignación de tahúr viejo su expulsión de la prueba. Y no siempre es así, aunque se consiga desarrollar con éxito la operación copieteo.

En la misma facultad es famoso el caso de otra estudiante oriental que al finalizar su estancia se presentó terriblemente afectada pidiendo ver al decano. Atormentada por los remordimientos, la alumna confesaba «haber sido muy fea» (que no era una consideración estética, sino la manera de explicar que había hecho trampa en varios exámenes) y solicitaba, de rodillas, que alguien la perdonara para poder volver a su país con el honor intacto.

Fuera de las hipérboles, es la Universidad de Salamanca que ya es y la que viene. Cada vez más internacional, con todo lo que conlleva de positivo, y compartiendo ese enorme desafío de no perder pie ante el avance de la inteligencia artificial y la tecnología. Lo de menos es ese primer uso fraudulento, que se tenga constancia en la casa, del nuevo dispositivo inteligente (que solo demuestra lo rápido que los avances de la ciencia encuentran su reverso tenebroso), sino estar preparado ante una revolución a la que no se puede llegar tarde.

Los seis años de mandato de Ricardo Rivero han sido exitosos en ambos caminos. La persona que asuma el bastón rectoral en los próximos meses tendrá ante sí y su equipo un desafío seguramente sin precedentes para asentar el futuro de la institución, haciendo de Salamanca (aquí la universidad es siempre la ciudad) un polo tecnológico y de saber.

Para eso, además de planes y mentes lúcidas, hacen falta apoyos de las administraciones, porque la USAL no puede salir a ese campo de batalla global sin ayuda. Más que nunca hacen falta fondos, proyectos definidos y ambiciosos y, por supuesto, mejores infraestructuras y conexiones que no lastren la atracción de talento. Es hora de las gafas no sé si inteligentes, pero sí de ver de lejos.

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