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DE CALLE

Tractores en las alfombras

Aunque Planas y su jefe Sánchez no se preocupen del campo, en Bruselas quizás tomen nota ahora que los tractores les rodean

Domingo, 4 de febrero 2024, 06:00

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Los agricultores reanudan las protestas donde las dejaron al inicio de la pandemia. El campo era una ruina en 2019 y ahora, cinco años después, sus problemas no solo no se han resuelto sino que han ido a peor. Los tractores han saltado a las calles de Salamanca después de que hayan fallado las negociaciones con el Gobierno, porque de las buenas palabras del ministro no come nadie.

Luis Planas recibió a los representantes de las organizaciones agrarias para intentar frenar las movilizaciones, pero la palabrería hueca del titular de Agricultura no les convenció. El Gobierno sanchista lleva cinco años sin escuchar las reivindicaciones ni aportar soluciones a los males del campo, y el nivel de hartazgo ha llegado a su máximo cuando los 'colegas' franceses han comenzado a asaltar camiones con productos españoles. Las opas consideran que es el colmo: sus explotaciones están en pérdidas por el alza brutal de los costes y tanto el Ejecutivo como los mandatarios de Bruselas miran para otro lado cuando los piquetes de los gabachos destrozan sus frutas y verduras con el argumento de que se trata de una competencia desleal. Y eso se lo dicen a los españoles que sufren la importación de alimentos de otros países que no están sometidos a las estrictas normas de producción vigentes en Europa. Eso sí es competencia desleal. Lo de la agricultura española frente a la francesa es algo mucho más simple: aquí producimos mejor y más barato porque nuestras condiciones de clima y la pericia de nuestros profesionales del campo son las mejores.

El problema de Planas y de sus colegas de la Unión Europea es que han permitido priorizar la ecología sobre la producción y la nueva PAC está concebida por ideólogos del cambio climático que pretenden hacer pagar a los agricultores y ganaderos el coste de la reducción de la huella de carbono, aunque para ello tengan que condenarlos al hambre o la desaparición.

Las tractoradas que se están multiplicando por todo el continente en los últimos días deberían servir para que los mandatarios de Bruselas se caigan del burro y aprendan de una vez por todas que no habrá medio ambiente sin vida en las zonas rurales, ni vida en los pueblos si no se hacen rentables la agricultura y la ganadería. Este es el grito de los manifestantes: queremos comer para que vosotros podáis seguir comiendo, queremos criar ganado y cultivar legumbres, frutas, hortalizas y cereales para no depender de terceros países cuya producción no está sometida a las restricciones que nos exigís a nosotros, queremos un precio justo para los alimentos en origen y que la ley de la cadena alimentaria se aplique de forma efectiva.

El ministro Planas decía el viernes que había tomado nota y que había comenzado a escuchar a los agricultores y ganaderos. Después de cinco años de Gobierno socialcomunista, ahora dice que van a poner la oreja, y nadie le cree, porque lleva todo este tiempo cediendo ante las presiones de la ministra de Medio Ambiente y cuando hay que elegir entre producir o no contaminar, Teresa Rivera siempre se lleva el gato al agua.

Los agricultores y ganaderos, asfixiados por el encarecimiento del gasoil, de los abonos, de la electricidad y de los salarios de los jornaleros, hartos de una burocracia cada vez más intrincada y acosados por unas normas de sanidad animal que atentan contra la pervivencia de las explotaciones, han dicho basta y ya no les van a apaciguar con palabras huecas y promesas banales.

Si a Planas y a su jefe Sánchez no les importa, quizás en Bruselas tomarán nota, ahora que las ruedas de los tractores están hollando las alfombras del poder.

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