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DE CALLE

La tentación de Mañueco

Tras lo sucedido en Galicia, ganas de adelantar las elecciones no le faltan, pero hay serios obstáculos para apretar el botón electoral

Jueves, 22 de febrero 2024, 06:00

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Son muchas las consecuencias que cabe extraer de lo sucedido el domingo en las urnas gallegas. Una de ellas, la que más cerca nos toca, es que la aplastante victoria del PP en las elecciones adelantadas por Alfonso Rueda abre la puerta a una operación semejante en Castilla y León.

Lo más probable es que esa posibilidad no se concrete, pero no será por falta de ganas por parte de Alfonso Fernández Mañueco. El presidente de la Junta está bastante harto de la incómoda compañía de Vox y los cálculos internos de los populares apuntan a que, de repetirse ahora los comicios, estarían en disposición de alcanzar la mayoría absoluta situada en 41 procuradores (ahora tienen 31 y los de Abascal 13). Los continuos exabruptos del vicepresidente Juan García-Gallardo y la política de confrontación con sindicatos y patronal de la Consejería de Industria, Comercio y Empleo constituyen un continuo dolor de cabeza para Mañueco, como lo era en su día la política radical y por libre del exvicepresidente Francisco Igea. Las elecciones, anticipadas o a su tiempo, siempre suponen un riesgo para quien gobierna, pero en este caso los beneficios psicológicos y de imagen resultan evidentes.

El primer inconveniente es que solo han pasado dos años desde las elecciones anticipadas de febrero de 2022 y que el adelanto supondría celebrar tres convocatorias a las urnas en cinco años. Sobredosis y posible cabreo de la ciudadanía.

La otra pega, no menor, es que la medida, adoptada con el único objetivo de echar a los verdes de Colegio de la Asunción, supondría un ataque directo a Vox que pondría en peligro los acuerdos que ambos partidos mantienen en muchos gobiernos regionales y municipales en toda España. La prudencia que caracteriza a Mañueco aconseja aguantar y rezar para que Gallardo dosifique sus salidas de tono.

El líder de los socialistas en la comunidad, Luis Tudanca, ha dicho que no le extrañaría que el presidente de la Junta apretara ahora el botón electoral, aunque acto seguido añadió que quizás se le hayan quitado las ganas tras el fracaso de hace dos años, que le llevó a cambiar a Ciudadanos por Vox como compañero de fatigas. Al líder de la oposición no le vendría mal una convocatoria extemporánea, más que nada porque tendría la oportunidad de dejar paso a otro candidato para no enfrentarse a otra vergonzosa derrota segura.

Aunque el sanchismo y sus excrecencias comunistas se empeñen ahora en circunscribir el asunto a Galicia, el rotundo fracaso de las siglas socialistas tiene una evidente lectura nacional. La coalición gubernamental se hunde allí donde los ciudadanos tienen la oportunidad de castigar sus amistades peligrosas y la deriva antidemocrática de sus acuerdos con el fugado Puigdemont.

Si Sánchez, con su multiplicada presencia, convirtió la cita en un plebiscito sobre la figura de Alberto Núñez Feijóo, ha quedado claro que ha perdido el pulso y en consecuencia debería aplicarse el cuento. Su pretendido apoyo a José Ramón Gómez Besteiro se convirtió en una mano en el cuello del candidato socialista y su imagen es una carga porque ya nadie le cree y muy pocos, los suyos, le aguantan. Quizás haya llegado el día en que alguno de sus cientos de asesores le aconseje no bajarse del Falcon salvo para compartir cuitas y estrategias con dirigentes de parecido talante democrático, léase Maduro, Petro o Mohamed VI.

Sánchez ha probado el sabor del polvo en Galicia pero, como avisó ayer en el Congreso, no tiene ninguna intención de abandonar la Moncloa hasta 2027, y lo mismo le da que se hunda el PSOE o que desaparezca, mientras él siga en el machito.

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