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Pues claro. Con respecto a lo que decíamos la semana pasada, también viceversa. Si nos parece estupendo que cualquier deportista se posicione políticamente, como lo hacía Mbappé hace unos días, en una actitud censurada por algunos intolerantes argumentando que son reflexiones peregrinas de quien no está capacitado para opinar sobre asuntos alejados del ejercicio de su profesión sobre los que no ha reflexionado lo suficiente, habrá que anotar en justa contrapartida, los políticos también se aventuren a trasladarnos sus percepciones futbolísticas. Es decir, que cualquiera de ellos pueda lanzarse en picado a explicarnos cómo debe hacerse la presión alta para tener alguna posibilidad de robar en las inmediaciones del área contraria.

Igual que Mbappé nos confesó que no le gustan los extremos, permitamos que Marine Le Pen se explaye también sobre lo nefasto que le parece jugar con extremos en la selección nacional francesa. Y que trate de convencer a Deschamps, para que en el próximo partido de Francia, alinee a un solo delantero acumulando hombres en el centro del campo para retener el balón y buscar el gol por carriles interiores o lanzando zambombazos desde muy lejos. Fomentemos con ganas este particular y que se generalice. Mientras Marine Le Pen, por ejemplo, entretenga sus ruedas de prensa hablando de fútbol, menos tiempo tendrá para emitir consignas racistas, xenófobas, negacionistas o machistas.

Por cierto, escuchando lo mal que envejecen algunos expresidentes del Gobierno, como Felipe González, esta semana saliendo en apoyo de Milei, creo que todos deberíamos agradecer que Mariano Rajoy se limite a entretener su intelecto escribiendo esas míticas reseñas deportivas que está publicando en «Debate», disertando sobre la confianza que le genera nuestra selección.

«España ha ganado -escribía con ocasión del debut de España-. Hizo lo que todos esperábamos (yo por lo menos). Es bueno comenzar así, porque sabido es por todo el mundo que a quien madruga Dios le ayuda. O por si alguien no cree: quien da primero da dos veces».

Hay quien acusa en las redes sociales a Rajoy de que ha leído etiquetas de champú mucho mejor escritas y hasta quien le suelta que le parece increíble que alguien con su capacidad retórica haya podido llegar a nada menos que ha presidir el Gobierno de España. Lo cierto es que hacía años que no escuchábamos a un político de derechas decir algo tan esperanzador y optimista sobre la actualidad de España. Por algo se empieza. ¿No les parece?

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