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Todos los años por estas fechas vuelve la polémica sobre la adecuado o no de esta fiesta en torno a los libros que durante unos pocos días toman la Plaza Mayor, convirtiéndola en un paraíso para aquellos que amamos la lectura, pero un estorbo para otros.

Hay quien esboza el argumento de que durante estos próximos días los turistas no pueden disfrutar en su plenitud de los encantos arquitectónicos de nuestra Plaza Mayor tomando las correspondientes fotografías y hay quien más interesadamente dice que la Feria del Libro, debería trasladarse a otro lugar porque perjudica el negocio de las terrazas que durante todo el año tienen ocupada la plaza pero que durante estos días se ven relegadas.

Atendiendo a esta disputa, si yo tuviera mando en plaza, propondría como Salomón, que se repartiese más equitativamente el tiempo entre los dos gremios enfrentados para que nunca vuelvan a sentirse ninguno de los dos ninguneados. Sería entonces cuestión de decretar medio año para cada uno. Podrían irse alternando los meses. Si en mayo la ocupan los libreros, que en junio la ocupen los hosteleros para que vuelvan en julio los libreros y así alternativamente todo el año. El mismo derecho tienen unos que otros, pienso.

Personalmente, me encantaría acercarme los meses en que les tocase a los libreros a sentarme en un sofá tranquilamente con unos cuantos colegas, chasquear los dedos y pedirle al dependiente: Por favor, nos va usted a poner una ración de cuentos de Borges para todos, a fulanito un par de capítulos del Quijote, a menganita le sirva los veinte poemas de amor y una canción desesperada de Neruda y a mi me va a traer si no le importa esa novelita inédita que han encontrado de Vázquez Montalbán pues traigo bastante hambre.

Sería fantástico observar a la gente derramada por toda la plaza disfrutando de buena mañana o al atardecer de la lectura como casi todo el año disfruta de un pinchito de torreznos y una Pepsi Cola.

Desde luego, alguien podría decirme que se perdería riqueza en el sector de la hostelería y puestos de trabajo, pero eso se compensaría con la riqueza que se crearía en el sector de la cultura donde a buen seguro habría que contratar a muchos más dependientes y libreros. Y puede que hasta disfrutáramos de una ciudad más culta, más sana, más informada y hasta más civilizada. Así que por si acaso, ahí les dejo la idea.

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