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Definía al siglo XX el gran Discépolo en su tango, «Cambalache», con estrofas tan poco amables y simpáticas como: «Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor / ignorante, sabio, chorro, generoso, estafador / todo es igual, nada es mejor / lo mismo un burro que un gran profesor».

Es privilegio de ciertas obras maestras, como este maravilloso tango mil veces versionado, surcar el oleaje de las modas y seguir frescas y lozanas navegando como si acabaran de zarpar desde la partitura original y se dispusieran a cruzar el océano. No me negarán que también sigue definiendo con exactitud este tiempo confuso y oscuro que nos ha tocado vivir donde nos da igual un burro que un gran profesor.

Por no irnos más lejos, la Junta de Castilla y León, en vez de acudir a una autoridad en patrimonio histórico y monumental o al menos a alguien que conozca un poco mejor nuestras ciudades deciden contratar a los famosos de turno (importante que no se hayan significado contra la ideología política del contratante), para fomentar el turismo cultural sin que le importe lo más mínimo que suspendan en la materia de la que disertarán. Así vimos a los tres hermanos Quijano entrando en la Plaza del Rey de Burgos por el Arco de Santa María invitando al personal a que se acerque al sepulcro del Condestable localizado en la Cartuja de Miraflores cuando cualquier vecino burgalés sabe que se encuentra en la Capilla de la Catedral.

Y ojo que estas lecciones magistrales de Café Quijano (afortunadamente ya borradas de internet, una vez que los vecinos advirtieron al grupo de su analfabetismo en el asunto) nos han salido a los castellanoleoneses por 201.215 euros según la plataforma de Contratación del Sector Público.

Por si fuera poco, las autoridades de la Junta siguen legitimando el cambalache, poniéndose ellos mismos al timón de la programación cultural del FÀCYL ordenando incluir de nuevo a los inefables Café Quijano, uno de los grupos más decididamente retro y trasnochados estilísticamente, como una de las formaciones estrella del cada vez más decepcionante FÀCYL, un festival del que sin embargo defienden su ADN vanguardista. «Qué más da» deben pensar. Como Discépolo.

Solo nos queda confiar en que al menos con ocasión de la visita de Café Quijano a Salamanca no les veamos grabando un spot invitándonos a visitar el Cielo de Salamanca en la Torre del Clavero o la fachada de la Universidad en la Casa de las Conchas.

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