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Opinión

Lo bueno de las elecciones

Martes, 4 de junio 2024, 05:30

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Por mal que pinte ese avance de la ultraderecha que predicen los sondeos demoscópicos, lo bueno de las elecciones europeas de este próximo domingo, es que parece que por fin no tendremos otras elecciones inmediatas a la vista. Lo digo porque esto debería significar que nuestros políticos por fin dejarán de darnos la brasa durante algún tiempo y evitaremos tragarnos toda su artillería electoral, un alimento del que a estas alturas y tras tantos meses con elecciones marcadas en rojo en el calendario, estamos mucho más que empachados.

Así que sí, toquemos madera. El mes que viene no tenemos elecciones y puede que incluso si hay suerte, nos dejen descansar a lo largo de todo el verano.

Por muy utópico que nos parezca, quizás nuestros políticos, a partir de ahora tengan clemencia con nosotros y guarden en el trastero sus discursos, sus banderas, sus envenenados caramelos y sus globitos con el logo del partido impreso. Puede que algunos incluso, los que no se vayan inmediatamente de vacaciones, se pongan a trabajar en lo que de verdad nos importa a los ciudadanos, que no es otra cosa que intentar solucionar nuestros problemas colectivos, que son muchos y variados y en la medida de lo posible se apliquen en mejorar nuestra calidad de vida.

En esta mejora de nuestra calidad de vida, es obvio que no sólo se incluyen los aspectos puramente materiales de supervivencia sino también los espirituales a los que ayudará enormemente que dejen descansar esa máquina de ruido y decibelios salvajes que tanta crispación está provocando entre el personal y que nos está volviendo un poco tarumba a todos sin excepción. Intuyo que queda lejos pero algún día supongo que irán comprendiendo que cada vez nos resulta más difícil defendernos de esa lluvia pringosa y obscena de saliva que nos lanzan sobre nuestras cabezas plagada de insultos, menosprecio, intolerancia y mala educación y que con tanta dedicación propagan desde las tribunas y sillones de las distintas cámaras de representantes, una tormenta insalubre que acrecientan muy especialmente en periodo electoral.

Lo que también me temo es que últimamente buena parte de ellos parecen elegidos y adiestrados para la lucha y la contienda electoral y para inculcar el odio entre nosotros más que para su principal cometido, ya saben, ese de ejercer aquel viejo y noble oficio que fue el de la política que consistía en algo tan simple y honorable como trabajar y defender el bien común.

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