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Estuve hace unos días viendo «One love», el reciente biopic dedicado a Bob Marley, uno de esos pocos músicos sin los cuales sería imposible entender la evolución de la música popular y desde luego, el artista más importante e influyente de lo que conocemos como reggae.

Dirigida por el estadounidense Reinaldo Marcus Green e interpretada por el británico Kingsley Ben-Adir, es cierto que nos deja lejos de liquidar todas las amplísimas expectativas que teníamos sobre una biografía tan rica, poliédrica y suculenta como la de Marley, pero desde luego sí que merece la pena sumergirse durante algo más de hora y media en la jubilosa, revolucionaria y transcendental música que creo, devolviéndonos a aquellos años (finales de los setenta) cuando el reggae, ese poderoso y exuberante ritmo cocinado a fuego lento mezclando salsas tan sabrosas como el ska, el jazz, o el rockteady, se convirtió en la música más excitante y luminosa que bailábamos los adolescentes de todo el planeta.

Con todo, puede que lo esencial de aquella radiante música, es que además de divertida y contagiosa, nos llegaba con un mensaje poderoso, místico y revolucionario que, bien fuera con el cigarrito de la risa como manda el tópico o sin él en la boca, finalmente terminaría involucrándonos en la lucha universal e imperecedera por ciertos ideales como el de justicia, paz, solidaridad o sensibilidad social que venían incluidos en el mismo lote que los compases que movían nuestros pies.

De aquel tiempo tan turbulento en Jamaica quedó esa foto icónica de Marley uniendo las manos de los dos antagónicos y enemistados políticos (Manley y Seaga) que se disputaban el poder, en el famoso concierto en Kingstoon del 1978, una escena que también aparece en la película.

Lo que me preguntaba a la salida del cine, es cómo contemplarán esta curiosa película los adolescentes de hoy si es que se acercan a verla. Ahora que la música que invadió sus smartphones además de perder la variedad, riqueza y trascendencia que tenía para nuestra generación, también ha perdido el sentido crítico, social o revolucionario hasta convertirse en una banda sonora amorfa, uniforme, inane y trivial. ¿Qué significará para ellos alguien como Bob Marley y aquel disparo con el que intentaron terminar con su vida y la de su esposa Rita por arriesgarse a cantar lo que no convenía al poder establecido? ¿Pensarán quizás que están contemplando una historia de ciencia ficción en una isla paradisíaca? ¿Quién sabe?

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