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CUADERNO DE DUDAS

Benditas enfermeras

Martes, 20 de febrero 2024, 05:30

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Escapan las enfermeras del Hospital de Salamanca saturadas por la presión a la que se les somete en el trabajo, sintiéndose muy impotentes e incapaces de ejercer su necesario y hermoso oficio con la dedicación y con la atención que entienden que merece el paciente.

Así lo leíamos el pasado domingo en un reportaje en este periódico, así lo certifican sus sindicatos y así lo empieza a percibir el enfermo que ingresa o los propios familiares que les acompañan en la habitación.

Algunos recuerdan con nostalgia aquel timbre milagroso que apretaban ante cualquier apuro del paciente y que hacía aparecer una enfermera por arte de magia a la vera del gotero. Pero lamentablemente las enfermeras son cada vez más escasas y los investigadores no acaban de dar con la fórmula mágica que les pueda otorgar el don de la bilocación.

Y el hecho es que las enfermeras huyen del complejo hospitalario cada vez con más frecuencia aprovechando los concursos de traslados a los centros de salud. Y nos piden que no nos llevemos a engaño. No es que hayan dejado de amar un oficio tan vocacional y solidario, sino que lo respetan tanto que prefieren ejercerlo con más esmero, tiempo, responsabilidad y diligencia del que actualmente lo ejercitan en el lujoso hospital.

Este año serán 78 las profesionales que abandonarán sus puestos emigrando a la Atención Primaria y un 90 % de ellas proceden del hospital de Salamanca. «No es que allí vayan a estar mucho mejor -confesaba ante el revelador dato Federico Martín, desde el CSIF- pero sí mejor», una frase que revela la resignación de un colectivo al que como a otros profesionales sanitarios tanto aplaudimos desde los balcones en los más negros días de la pandemia y a los que nuestros políticos tanto prometieron cuando aquellas nubes de tormenta tanto sobrevolaban sobre nuestras cabezas. Qué olvidadizos nuestros políticos, carajo. Todos con su lamentable memoria de pez.

Tiene que resultar realmente estresante enfrentarse a una de esas largas jornadas de trabajo y observar el panorama ante el que se les obliga a cuidarnos siendo conscientes de que ya no está en su mano llegar en el momento que más las necesitamos porque no dan más de sí.

Como también admirable que cuando al fin llegan sean capaces de atendernos con la paciencia, el amor y la sonrisa con la que lo hacen estando sometidas a esa insoportable y agobiante presión. Benditas ellas. Y ellos, que también los hay.

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