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EL COMERCIO SALMANTINO POR GREMIOS

Ultramarinos y coloniales (1)

La procedencia de los productos venía desde África y América, de ahí el nombre que recibieron estas tiendas

Sábado, 2 de marzo 2024, 05:30

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Con este nombre se conocieron las tiendas de comestibles, porque la mayoría de los productos habían llegado de las antiguas colonias españolas en África y América.

Antes de la pérdida de las colonias existían:

En los números 20 y 23 de la Plaza Mayor, en 1820 Francisco de la Peña Olozabal ya tenía sus establecimientos de ultramarinos, casa especializada en chocolate, café y té de la Compañía Colonial de Madrid. En 1870, su hijo Pablo da un giro al negocio y se dedica a la venta de sedas, estambres, etc.

En 1845 en la calle de la Rúa 55 se encuentra Leonardo Medina que detalla los artículos que expende.

En 1850 el número 10 de la Plaza Mayor, junto al Arco del Toro, es ya el comercio de ultramarinos de José Brusi Crespo, que recibe el chocolate de los señores Martínez y Compañía de «La Fama de Burgos». Pasa en 1867 a su hijo Valentín Brusi, casado con María Crespo, descendiente de los fundadores, los Crespo «Suárez» que así fue conocido el comercio del número 41 de la Plaza Mayor. Valentín y María son padres de la célebre «Fidela», heredera de la tienda, que transmite a su hija Aurea Moreno Brusi, casada con Tomás Alonso del Moral.

En la década de los 60 y en Juan del Rey, 2 y Corrillo, 30, tiene tienda Agapito Domínguez, sucesor de los señores de Mansilla. Existe otra tienda de ultramarinos en san Pablo, 7.

La Casa Polo en Juan del Rey, 4, data de 1860 y en 1865 se convierte en «Andaluces Arce y Compañía» con almacén en Chamberí y seguidamente es de Alejo Oria, encargado de la tienda. Le ayuda su hijo Fausto, nacido en Salamanca en 1886, hasta que se casa y en 1913 se instala en la calle de san Pablo, 14/16, junto a la Diputación, como «Fausto Oria», trasladándose en 1918 a la esquina entre Sánchez Barbero y san Pablo, 2, recalando finalmente en la plaza del Poeta Iglesias, 13/15 en 1928. Será luego en los años cuarenta cuando se haga cargo del negocio Gervasio, «Hijo de Fausto Oria».

En el número 1 de Juan del Rey, en la esquina contraria del Corrillo, se encuentra en 1861 Cipriano Durán, con especialidad en cuñetes de aceite (barril pequeño para envasar aceitunas). Ultramarinos en Herreros, 6. En 1865, Vicente González tiene tienda en el exconvento desamortizado de la Trinidad en la calle de Zamora.

En 1879 Matías y Manuel Prieto Lobato se encuentran en Concejo 3 y en el número 1 tiene tienda de coloniales la Viuda e Hijos de Romero. De la década de los ochenta son: En 1883, Gutiérrez en Corrillo, 14, al trasladarse la «Sastrería de Madrid» propiedad de Ramón Fernández Robles a la Plaza Mayor, 36. Despachaba el afamado Antón Pericón W. de Jerez. En 1884 Julián García, está en Sánchez Barbero, 13, antes Portales del Queso. En 1885 ultramarinos «Sevillano» en plaza Verdura 17, que es de la confitería de Rúa, 4. En la plaza de la Verdura coloniales de Miguel y Manuel Madruga y los ultramarinos de Pablos.

En 1886, «Los Andaluces» pasan a ser de su antiguo dependiente Luis Fernández, con lo que existe un lapso de tiempo en que no pertenece a Alejo Oria.

En la calle de la Rúa 11/13, esquina a los Corrales de la Rúa, nace en noviembre de 1888 la razón social «La Equitativa P.C. Miñano», de la que forma parte Modesto Ciller Miñano, industrial levantino, que abre una tienda de ultramarinos y productos coloniales, aunque en realidad es un bazar en el que se venden lo mismo timbres eléctricos que pararrayos, bicicletas o motocicletas. En mayo de 1891 Modesto se convierte en administrador de la red telefónica. Por enfermedad traspasa los negocios en 1909 a Lázaro Bartolomé, que se anuncia como «Los Cubanos», pues regresado de Cuba seguía manteniendo intereses en la isla. La denominación social será «Bartolomé y García» y en 1914 ambos negocios se traspasan a Sebastián García Tocino, hasta agosto de de 1916 que se transfieren a una sociedad formada por Segundo Herrero Franco y el santanderino Isidoro Campo y Fernández Hontoria, bajo la razón social «Herrero y Compañía». En 1923 pasa al comerciante ledesmino José Hernández González.

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