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Opinión

Escuelas propias de maestros (2)

La de párvulos de José Labrador o la de instrucción primaria de Gumersindo Araujo son algunas escuelas privadas de la última década del siglo XIX

Sábado, 20 de abril 2024, 05:30

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Creada la diócesis de Madrid-Alcalá, el papa León XIII nombra a don Narciso Martínez Izquierdo su primer obispo, el 2 de agosto de 1885. Al año siguiente, el domingo de Ramos, 18 de abril, cuando iba a entrar en la catedral de san Isidro, el sacerdote Cayetano Galeote se acercó a él por la espalda y le descerrajó 3 tiros, falleciendo al día siguiente.

Cayetano Galeote Cotilla, natural de Vélez Málaga había pasado parte de su vida en Puerto Rico y Fernando Poo y cuando regresó a Madrid en 1880, llevaba una vida no muy ejemplar. El móvil del atentado parece ser la venganza por no haber accedido el prelado a una petición que no consideró justa. Condenado a muerte por la Audiencia de Madrid permaneció de por vida en el manicomio de Leganés, donde murió en 1922.

Modificadas las Constituciones se convirtió en centro de oración, caridad y beneficencia la Casa de santa Teresa, de la calle de Crespo Rascón, inaugurando el Asilo de niños pobres por un Patronato de señoras de Salamanca, el 28 de diciembre de 1884, que atiende con cariño a su educación y alimentación durante el tiempo en que sus madres van a ganar el sustento. Lo funda doña María de O. Martín Ramos, (doña Mariquita), viuda de Puente, que vivía en la Plaza Mayor, 11, auxiliada por doña Claudia Vizcay esposa de Fulgencio Tabernero y otras señoras, confiando la educación e instrucción de los asilados a la Congregación de las Siervas de san José. Las primeras niñas acogidas fueron Concepción y Eugenia.

Bonifacia fue beatificada el 9 de noviembre de 2003 por Juan Pablo II y el 23 de octubre de 2011 la canonizó y subió a los altares Benedicto XVI.

Se conocen las siguientes escuelas privadas, por lo regular mixtas, en la última década del siglo XIX: La escuela de párvulos de José Labrador en el edificio de Monterrey en 1845; la escuela de Concepción Durán Pérez en Juan del Rey, 4, en 1860; clases de instrucción primaria de Gumersindo Araujo en la Cuesta del Carmen, en 1861; Manuel González Bazo tiene la escuela de instrucción primaria en Plaza de los Bandos 1, en 1865; el colegio de «La Antorcha» de Epifanio Ralero Prieto en la plazuela de Anaya 7, en 1867; la escuela de «La Parra», situada entre la calle del mismo nombre y la calle Bermejeros, regida por don Francisco García Torres, a la que acudían también hijos de artesanos; la de doña Juana Torres, en la calle del Prior, en la antigua casa de mayorazgo de los Parfrondy, luego Gobierno Civil y más tarde Almacenes Olmedo; colegio de elite de «San Ignacio de Loyola», fundado y dirigido desde 1882 por don Vicente Beato Sala; la escuela de doña Melchora Juana Bermejo, en la calle de Sorias, que se jubiló en Madrid en setiembre de 1929; colegio de «La Inmaculada» de Lorenzo González de Contreras, se traslada a Caleros, 8, en 1889; el «Seminario Infantil Salmanticense» de la calle de Bermejeros que ofrecía enseñanza primaria y también educación cristiana se traslada en 1897 a la Ronda del Corpus; la academia de Juan Pablo González se va a la plaza de la Verdura, 52, en 1898. Del colegio «San Juan de Sahagún» de 1871 y las academias de «San Ildefonso», de «La Instrucción», la de «San Calixto», la de don Miguel Hernández Capa y la de don Florencio, desconocemos la ubicación.

Doña Melchora Juana Bermejo publica el día 14 de diciembre de 1902, en El Adelanto: «Acuden generalmente a estas escuelas los hijos de los desheredados de la fortuna. El rico, con rara excepción, parece ser no debe aspirar el ambiente del pobre. ¿Y cómo vienen las desdichadas criaturas? Con traje deslucido, lleno de «ventiladores» y… poco limpio; con botas primas en cuarto grado, y el estómago desprovisto del necesario alimento. Las infelices madres, debido al escaso o nulo jornal del esposo, se ven precisadas a buscar la vida y ya de lavanderas, ya de asistentas, invierten el día en otros cuidados, desatendiendo los suyos. Regresa el hijo de la escuela a su hogar, y en vez de encontrar el refugio de sus necesidades morales y materiales, halla, muchos días, lágrimas de su madre, desaliento y disgusto del padre».

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