Borrar

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Opciones para compartir

A estas mismas horas de hace un año estábamos como hoy, en una campaña electoral. El próximo martes se cumplirá el aniversario de aquellas elecciones municipales y autonómicas, que le dieron la vuelta al mapa político.

Aquel revolcón a Sánchez provocó que se retirara a meditar de madrugada. Afortunadamente su giro de guion no duró cinco días, como el último, tan solo necesitó unas horas para decidir la convocatoria de las elecciones generales, que comunicó al día siguiente. No me voy a parar ahora a escudriñar todo lo que ha venido después porque es de sobra conocido, pero sí en sus consecuencias.

Basta con echar la vista atrás para concluir, que un año después, la única ley relevante que se ha aprobado en las Cortes generales es la de la amnistía. La llave para seguir en el Palacio de la Moncloa, ni más y ni menos.

Esta última semana es un buen ejemplo de la parálisis legislativa y ejecutiva que estamos viviendo desde hace meses en el país. Los socialistas han sido incapaces de sacar adelante su proyecto para abolir la prostitución y ni siquiera han llegado a presentar la ley de vivienda, para no llevarse una segunda derrota parlamentaria en apenas unos días. No han logrado convencer ni a sus propios compañeros en el Consejo de Ministros.

El primer síntoma de esta fragilidad fue la renuncia a los presupuestos, otra ley fundamental que se ha quedado en el tintero. El adelanto electoral en Cataluña hacía inviable poner de acuerdo a sus estrambóticos socios para aprobar unas cuentas públicas que nos atañen a todos. Y así hemos pasado los últimos meses, de campaña en campaña. Primero las gallegas, luego las vascas, después de las catalanas y ahora las europeas.

Y mientras tanto las listas de espera, el precio de la vivienda, los bajos salarios, la subida de los precios, el paro juvenil, el déficit ferroviario o la despoblación siguen exactamente igual o peor que hace un año.

Ahora estamos otra vez en campaña para no perder la costumbre. Y Sánchez vuelve a recurrir al comodín exterior para evitar hablar de sus problemas en el interior. Ha creado un conflicto con Argentina y va a reconocer al Estado Palestino para erigirse, otra vez, en el muro de contención de las derechas. Lo mismo que hace un año antes de las elecciones municipales. Igual que antes de las elecciones generales. Y así seguimos, un año después, con los mismos problemas y cada vez con menos soluciones.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios