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Tengo algo que contarte. Yo creo que lo sabes, pero por si acaso se te ha olvidado, yo te lo vuelvo a decir. Que creo que es suficientemente importante, qué digo, importantísimo. Somos campeonas del mundo. Y sí, lo pongo así, en femenino, porque quiero y porque puedo.

¿Quiero eso decir que me siento mujer? No, no me siento mujer. Yo soy un hombre y estoy contento de serlo. Ser hombre está genial, aunque parece que últimamente decir eso es un pecado. Pero eso es otro charco en el que meteré otro día.

Lo que estoy diciendo es que, igual que en 2010 mi hermana, mi madre, mi amiga, mi vecina… se sintieron campeonas del mundo, ahora yo también me siento igual. Porque ha sido un logro de un país. Ellas estaban en el campo, pero ha habido hombres detrás apoyándolas y también tienen que tener su mérito como, por ejemplo, los padres que las llevaban de pequeñas a los entrenamientos, los amigos que jugaban con ellas en el recreo, los entrenadores que las han hecho ser las mejores… A ver si empezamos a darnos cuenta de que la única manera de avanzar es trabajar juntos, hombres y mujeres. No somos iguales, porque no lo somos, pero somos complementarios, nos necesitamos y juntos podemos ser los mejores. Hasta del mundo. Vale, ahora que ya tienes claro que somos campeones del mundo (sí, ahora lo pongo en masculino ¿y?) te diré que al final a lo que le estamos dando importancia es a un beso.

Un beso sucio, forzado (no robado eh), lamentable, fuera de lugar y que, espero (cruzo los dedos, aunque ya me creo cualquier cosa) tenga consecuencias. Pero a ver ¿a alguien le sorprende ese comportamiento de este personaje? Rubiales ya apuntaba maneras. Que su primer impulso para celebrar el título fue agarrarse las cerecitas (dicho así, en diminutivo, igual le molesta más). En el palco. Con la reina y la infanta. Rubiales viene moviéndose entre escándalos, desmentidos, movimientos turbios y demás desde hace muchos, muchos años (en una galaxia muy, muy lejana). Y ha sobrevivido a todo esto. Espero que hasta aquí.

Pero ojo, de ahí a intentar deslizar que Rubiales es un maltratador, como han hecho los dos podemitas que Yolanda Díaz no ha querido tocar ni con un palo (Echenique y Montero) va un trecho muy largo. En materia de protección a la mujer, Podemos en general, y ellos en particular, tienen mucho que callar, que gracias a su habilidad legisladora muchos violadores han vuelto a la calle.

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