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Opinión

La soledad

Se producen dos situaciones en paralelo: la desertización social y la falta de atención familiar a nuestros mayores

Lunes, 1 de julio 2024, 05:30

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Hay expertos que aseguran que la soledad es el mal del siglo XXI, aunque, viendo el panorama que envuelve a la juventud, tengo yo mis dudas de que no se disputen el primer puesto en tan lamentable ranking; guerras, aparte. Lo indubitable es que esta tierra castellana va perdiendo efectivos, tanto por arriba como por abajo. Se nos van los mayores, cumpliendo el ciclo de la vida, y migran los jóvenes en busca de una tierra prometida que no existe, como nos contaron los abuelos de sus abuelos. Trabajar hasta morir, si las cosas no cambian. Total, que ahora se producen dos situaciones en paralelo: la desertización social y la falta de atención familiar a nuestros mayores. Por ese motivo son fundamentales programas de seguimiento que aseguren un mínimo de cuidados a las generaciones que nos dieron la vida y que se dejaron lo mejor de sí mismas para ofrecernos un futuro, seguramente, no tan extraordinario como pretendían, pero sin duda mucho mejor que el que recibieron.

En mi opinión, no se puede hablar de que un país es avanzado si no tiene resueltas cuestiones de interés público básicas, como la oportunidad de desarrollo para los jóvenes, esto es, una formación de auténtica calidad y no basada en puntuaciones que a saber quién y cómo se gestionan; trabajo para todos y atención a los mayores. Todas ellas prioridades, solo que, debido a los cambios sociales provocados por la precariedad laboral, es evidente que la tercera pasa a ser la principal. Al menos la educación es obligatoria y gratuita, si es que existe algo realmente gratuito en este mundo.

Cuidar a sus mayores hace más avanzada a una sociedad, porque ello significa: respeto por la historia y la tradición, aunque no lo parezca; respeto por la vida, que debería ser algo sagrado; respeto por la educación recibida, que ahora será mejor en conocimientos o tecnología, pero no mayor en principios; respeto, en definitiva, por las personas. Con un poco de suerte, pasaremos por esa fase de necesitar de ayuda que pensamos que nunca nos va a llegar, y de repente llega.

«Salamanca acompaña» crece. Bienvenido sea. Ahora toca ir kilómetros más allá, demostrar qué sociedad queremos ser, estudiar las necesidades reales de los mayores, tener contacto con ellos, saber realmente su situación. Trabajo puro para la Administración Pública. Y ya que estamos a vueltas con Europa, buen asunto para que el gobierno central lo gestione en aquel ámbito. Si algo he aprendido en estos años de observador de la realidad social es que ninguna política más certera y agradecida que la más cercana, razón por la que existen las corporaciones locales. Bien está la macroeconomía, que sirve para justificar muchas cosas que de poco servirán, si nuestros mayores se mueren de pena, de soledad. Eso no nos hará mejores como pueblo, que es la raíz para ser nación.

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