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Opinión

Pueblos

Que una de las acepciones de «pueblo» hable de «gente común y humilde» me parece halagador

Lunes, 22 de abril 2024, 05:30

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Ningún alcalde que se precie, edil de una localidad de más de mil habitantes, habla de su pueblo. Será que ser de pueblo ya no se lleva. Es probable que la definición que el propio diccionario hace —«Población de menor categoría»— ayude poco. Sin embargo, que otra de las acepciones hable de «gente común y humilde» me parece halagador. Precisar hasta qué punto las redes sociales han podido influir en este cambio de tendencia de lo tradicional a lo moderno, si es que puede definirse así, es tarea imposible, aunque estoy seguro de que la irrupción de los medios de comunicación televisivos, dando mayor cobertura a localidades pequeñas, generalmente, cuando se producen noticias de carácter más bien negativo, ha influido de manera soberana. No entiendo a quienes piensan que ser de ciudad en vez de pueblo es más cool, como dicen los ingleses.

Yo tengo la manía de decir pueblo al lugar donde nací. Tal vez, porque mi padre nació en uno ilustre, Real Sitio y Villa, como Aranjuez, con un Palacio Real que es patrimonio de la UNESCO y donde di mis primeras carreras. Así que he vivido en primera persona lo que es sentir orgullo del lugar que te ha visto nacer y, desde luego, del valor de la humildad. Por eso, que la Diputación de Salamanca vaya a invertir veintisiete millones en los pueblos de la provincia entenderán que me alegra, dadas mis raíces, y, además, porque vivo en uno de ellos, cuyas dificultades son apreciables a simple vista. A solo ocho kilómetros de la gran ciudad, carecemos de fibra óptica.

En la provincia, hay más de setecientos cincuenta pueblos —o ciudades— con menos de mil habitantes. Veintiséis más entre quinientos y mil, según datos recogidos en la página web de la propia diputación. La citada inversión parece ir dirigida a obras de mejora de infraestructuras de importancia. Espero que así sea, porque, si queremos que pueblos —o cuidades— como Béjar, uno de los tres que están por encima de los diez mil habitantes, no sigan perdiendo población, razón por la cual el municipio serrano recibirá un porcentaje mayor de la subvención, habrá que hacer que no bajen los servicios existentes, pero más aun dar otros mínimos tan necesarios como una conexión a Internet de garantías y calidad, así como trabajos dignamente remunerados y la posibilidad de viviendas en condiciones razonables.

Apelemos, pues, una vez más, a políticas que vayan a favor de hacer prosperar a los pueblos —o ciudades— con menor población, tratando de conseguir que industrias, empresas o sectores se fijen en ellas como una oportunidad donde conseguir empleados formados y condiciones óptimas para su establecimiento. Alguna multinacional de colosales dimensiones para Salamanca ya se está planteando buscar otra de esas tierras donde valoran su presencia. Eso sí, aquí seguiremos quejándonos de todo lo que no nos dan.

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