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Opinión

Pérdidas irreparables

Siempre pensé que Elena tenía la particularidad del pez globo, sabía hacerse grande cuando tocaba

Lunes, 3 de junio 2024, 05:30

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Son tiempos de pérdidas. Llegamos a la edad de sufrir más este tipo de acontecimientos que fiestas o fastos. Además, vivir conlleva un riesgo, aunque nuestra mente deseche esos pensamientos, con tal de cumplir su misión principal, la del cerebro humano me refiero, que es alejarnos de los peligros. Según van pasando los años, ocurre que pasamos de acudir a bautizos, comuniones, bodas, para hacerlo a funerales. Es un proceso paralelo al de la vida, que llevamos con más o menos alegría en las primeras etapas, siendo la última una ruptura total con la realidad. No aceptamos la muerte como una parte más de ese proceso. Nos rebelamos contra ella. Pensamos que seremos eternos, que una enfermedad de importancia nunca será nuestro caso, y así vamos viviendo como si realmente no hubiera un mañana.

Pero si hay un tipo de muerte que no somos capaces de asimilar nunca es la que provocan los accidentes. Nunca estamos preparados para eso. Nos es imposible entender cómo alguien sale de casa una mañana y su vida se interrumpe en un segundo, sin ningún sentido. Hace quince días, contaba en este mismo espacio que había conocido el centro de estudios de Formación Profesional Río Tormes y todo lo positivo que había obtenido de su funcionamiento y ambiente. Días después, un accidente absurdo cercenó una vida preciosa, una familia excelente, una carrera profesional impecable.

En estos tiempos en que parece no haber respeto por ese bien preciado que es la vida, no cabe admitir una muerte tan inentendible, que me impactó sobremanera: Elena me había implicado en ayudar a sus alumnos, de cara a las presentaciones de final de curso. A raíz de la noticia, recordé una práctica habitual en algunos talleres de desarrollo personal consistente en hacer que el participante se visualice en su propio funeral, imaginándose de ese modo lo que las personas que acuden a él comentan sobre quién era y cuál es su legado. No tenía una extensa relación con Elena. Al contrario, corta y reciente. Sin embargo, no era una persona que te dejara indiferente. Además, tenía referencias similares de quienes nos contactaron o amigos en común. Su presencia, en un cuerpo no muy grande, era descomunal. Siempre pensé que tenía la particularidad del pez globo, sabía hacerse grande cuando tocaba llenar un espacio profesional, caso del aula, para volver a su tamaño real en la pura convivencia. También sé que era especial con sus hijos, a los que adoraba. Puede parecer que ya da todo igual, porque se ha ido la persona. No es así. Por desgracia, y por experiencia, cuando somos personas y seres humanos, y buenos, y nobles, y generosos, y profesionales entregados y honestos, queda el espíritu de lo que he hemos sido. Yo también estuve en tu funeral, Elena. Estarías orgullosa, porque yo, que te acababa de conocer, lo estuve, y mucho.

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