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Opinión

Extremadura no es Palestina

La imagen que proyectamos es que nuestra canción daba lástima y nuestra vicepresidenta del Gobierno vive en un mundo paralelo

Lunes, 13 de mayo 2024, 06:00

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Muchas veces salir fuera, ver otras cosas y vivir otras realidades te hace mejor y te ayuda a conocer en qué te equivocas. Uno puede estar en su casa pensando en hacer algo que cree que es increíble y después, al salir al mundo real, la realidad te manda a la lona. Eso es lo que deberán estar sintiendo Nebulossa con su ridículo estrepitoso en Eurovisión gracias a su canción 'Zorra'. Es esa camisa que piensas que te queda de cine o ese vestido en el que te ves estupenda en el espejo, pero después en el examen del paseo por la calle Toro o Zamora suspendes al notar miradas que te hacen ver que vas hecho un cromo.

Eso ha pasado con 'Zorra'. En España, como estamos acostumbrados ya a que todo vale y a que cualquier personaje nos puede representar si enarbola la bandera del progresismo, muy pocos se habían percatado de que haríamos un espectacular ridículo en el evento musical por antonomasia.

El resto del mundo, al ver semejante aberración musical, nos ha puesto en nuestro sitio. Hemos acabado en el puesto 22 de 25 participantes. Vamos, lo que es un bochorno en toda regla. ¿Hay que ser reivindicativo? Sí, pero hacerlo con sentido común y no convertir causas justas en circos apoyados por los chiringuitos diseñados para tal efecto.

Y no lo digo yo, lo dicen los 32 ceros que se llevó en las puntuaciones la pieza musical de Nebulossa, que aspiraba a ser el himno de una generación y se ha quedado en el cajón de los temas fallidos. El jurado profesional solo entregó a España 19 puntos y el televoto 11, para sumar un total de 30. A años luz del ganador, Suiza, que se llevó el certamen con 591. Oye, pero que los ridículos progres son más llevaderos.

Por cierto, mezclando los términos de progresismo y de ridículo me viene a la cabeza la vicepresidenta segunda del Gobierno y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. Ha anunciado que estudiará «las medidas necesarias» contra RTVE por «apoyar» Eurovisión en «un acto de propaganda en medio de un genocidio». Esto es de traca. La geopolítica de estos aristohippies que se disfrazan de bohemios no entiende de razones, sino que solo se cimentan en argumentos que quedan muy bien en unas cañas en Malasaña o Chueca, pero que carecen de base. Estos van de expertos en Oriente Medio por el hecho de que han probado el falafel o el hummus.

No, si ahora Eurovisión también será de fascistas y representará un certamen de fango y de bulos.

Por último y por alusiones como extremeño. Soraya Arnelas, cantante y exrepresentante de España en Eurovisión, metió un resbalón antológico diciendo que iba a salir a dar los puntos con una bandera de Extremadura en la solapa, pero que no lo hizo ya que se parece mucho a la de Palestina y no quería herir sensibilidades. Se parecen como un huevo a una castaña. Eurovisión es un escaparate que una vez al año te pone el foco en países y culturas que el resto de meses ni las hueles. Por ejemplo, yo sé de Letonia o de Luxemburgo cuando los veo en Eurovisión y poco más. Pues a muchas personas les pasará con España y la imagen que se les va a quedar tras esta edición es que nuestra canción daba lástima, nuestra vicepresidenta del Gobierno vive en un mundo paralelo y que Extremadura es otro pueblo en guerra, cuando en realidad lo único que nos pasa a los extremeños es que nuestras infraestructuras son de la Edad Media.

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