15 agosto 2020
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Ferias y fiestas

13 ene 2020 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

Se está acabando la Navidad, pero la política en España nos invita a vivir en un estado de ferias y fiestas. Así pues, igual que cantaba Víctor Manuel: “Vamos a la feria, la feria del lugar”. El lugar, España y los feriantes, que me perdonen los de verdad, los políticos. Cada uno ha montado su atracción particular y promociona su chiringuito, ajenos a que la feria es de todos, la hacemos entre todos y es para que disfrutemos todos. Han perdido el sentido de la fiesta y, lo que es peor, han perdido el sentido del ridículo, el común y el social. Les importa poco o nada que los demás estemos a gusto y vivamos con alegría y esperanza la fiesta de la vida, su razón de ser no es el otro. Creen que vendiendo nubes de algodón y haciendo sonar la música es suficiente, inconscientes de que con tanto volumen y tanta mezcla de ruidos no hay quien se entienda, resultando por momentos muy desagradable la falta de comunicación.

Lo más triste y lamentable es cuando deciden dejar su atracción particular y meterse todos en la pista de los coches chocones. Ahí es donde realmente sale el verdadero yo de cada uno, donde el ego superlativo se viene arriba y se pone de manifiesto. No tienen nada mejor que entrar en la pista del congreso y embestirse una y otra vez en lugar de tratar de circular buscando un orden y disfrutando del placer de conducir. Eso sí, sus choques y embestidas no les harán ningún daño a pesar de que salten chispas y si lo causan será a los espectadores.

Así parece estar España, en estado de ferias y fiestas, lo malo es que no todo el mundo las puede disfrutar de la misma manera. Lo malo es que en lugar de hacer que España sea una verdadera fiesta parece que, a muchos, consciente o inconscientemente, les hace mucha gracia caldear el ambiente, emborrachando al personal con licor de ira, vino de venganza y sangría de resentimiento. A todo esto, algunos se escandalizan de la falta de Crucifijo y Biblia para jurar el cargo. El escándalo es presumir y no asumir. El escándalo es mentir ante Dios y jurar ante los hombres. El escándalo es proclamar el perdón y despreciar al prójimo. El escándalo no está en la ausencia de los símbolos sagrados si no en la ausencia de valores. El escándalo es lograr el fin justificando cualquier medio y sobre todo justificando a los mediocres. El escándalo es la soberbia y la hipocresía de escandalizarnos con los demás y la falta de humildad para escandalizarnos de nosotros mismos. El escándalo es pelear para que el otro caiga y no para que el otro lo haga bien. El escándalo es que ya nada parece producir escándalo. Lo escandalosamente triste es que cada uno habla de la feria según le va en ella. Así pues, felices fiestas para todos. Que continúe la feria.