24 mayo 2019
  • Hola

Estamos sitiados

17 may 2019 / 03:00 H.
César Lumbreras
La trastienda

Suena el teléfono a una hora intempestiva: “buenos días, soy de Seguros Santa Lucía, ¿con quién hablo por favor?”. Mi respuesta: “hola, usted sabrá a quién está llamando”. El diálogo de besugos sigue: “¿puede ser usted César?”, a lo que respondo que “sí, soy César”. La cosa continúa: “le llamo para ofrecer una mejora en el seguro de salud que tiene”. Llegados a ese punto el que pregunta soy yo: “muy bien, muchas gracias, pero ¿cómo sabe usted mi número de teléfono y cómo sabe que tengo seguro de salud?”. Un momento de silencio al otro lado del teléfono y luego, “bueno, mire, antes de continuar con nuestra conversación, tengo que informarle de la normativa en materia de protección de datos en virtud de la cuál esta conversación puede ser grabada y tal y tal...” En aras de la buena educación aguanto pacientemente toda la retahíla y, cuando acaba mi interlocutora con ella (la pobre bastante tiene con hacer su trabajo) y antes de que comience la oferta, planteó como puedo la siguiente reflexión: “en aras de la Ley de Protección de datos exijo saber cómo tiene su empresa mi número de teléfono, que dispongo de un seguro de salud y quién es el responsable de haber facilitado esas informaciones, porque creo que se ha vulnerado el derecho a la protección de mis datos personales”. Silencio sepulcral y, luego, un nuevo intento de colocarme su producto...

El que no haya tenido múltiples experiencias de este tipo que levante la mano. Relato esta última porque sucedió ayer mismo y pone de manifiesto que muchas empresas se saltan a la torera la normativa actual una y otra vez, sin que nadie nos defienda. Ya me gustaría, por ejemplo, que el Parlamento Europeo que salga de las próximas elecciones se ocupase de este asunto, de la misma manera que puso fin a eso de la itinerancia de datos que practicaban las compañías telefónicas de los distintos Estados miembros para darnos “sartenazos” en las facturas. Y es que me siento acosado, supongo que como usted, querido lector. Otra forma de acoso es la que practican las entidades financieras por imperativo legal. Me refiero a esa petición constante de datos y de información de los titulares de cuentas, de mandar el IVA, el IRPF o el Impuesto de Sociedades último para cumplir la normativa que ha salido de Bruselas e impedir el blanqueo de dinero. Y, si no pasas por el aro, te bloquean las cuentas. Estamos ante otra forma de acoso de los sufridos ciudadanos y contribuyentes, que nos encontramos sitiados y cada vez más vulnerables en diferentes ámbitos de nuestra vida cotidiana. Como consolación me quedaré con la sentencia de uno que pasaba por estratega y que decía aquello de: “la única ventaja de estar sitiado es que puedes cargar en cualquier dirección”.