28 septiembre 2020
  • Hola

Esta mísera democracia

16 sep 2020 / 03:00 H.

    Ayer no celebré el Día Internacional de la Democracia. Aquella niña que nació preciosa, alegre, en 1978, que toda España miró arrobada, ha alcanzado una adolescencia con demasiadas pústulas que afean su rostro, y han provocado numerosas infecciones. Tenemos una democracia joven, raquítica, enfermiza, decepcionante. Porque no se trata de que podamos votar periódicamente. Uno se apuntó a la transición, y se jugó muchas cosas, por aquel artículo Primero de la Ley para la Reforma Política de 1977: “Uno. La democracia en el Estado español, se basa en la supremacía de la Ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo. Los derechos fundamentales de la persona son inviolables y vinculan a todos los órganos del Estado”.

    No puedo con mi modesto “Farol” iluminar suficientemente nuestra democracia para juzgar su calidad. Aceptemos la célebre consideración de Churchill como “la peor forma de gobierno, exceptuando todas las demás”. Me centro en un solo parámetro. Lo expuso ayer el portugués -¡cuánto sentido común conservan mis queridos portugueses!-, Antonio Guterres, secretario general de la ONU: “En estos momentos en que el mundo se enfrenta a la enfermedad por coronavirus, la democracia es crucial para asegurar el libre flujo de la información, la participación en la toma de decisiones y rendición de cuentas por la respuesta ante la pandemia”. Vamos con España: ¿Información fluida? No, suministrada por un inepto portavoz, inventando un Comité de Expertos, y falseando las cifras (cuya dolorosa realidad es casi el doble de las oficiales). ¿Participación en las decisiones? Tampoco, Juan Palomo Sánchez, yo me lo guiso yo me lo como. ¿Rendición de cuentas? Ni en broma, archivarán todas las querellas, blasonan de haber evitado cientos de miles de muertes... Pero, cuidado, encuestas que indican que el sanchismo puede seguir engañándonos... y desmontando taimadamente el Estado. Cuánto idiota, rencoroso, progre, incauto.

    España es conducida a contra-historia. Si Fukuyama anunció el fin de la historia, el triunfo de las democracias liberales, nosotros no solo legalizamos partidos comunistas, sino que los llevamos al Gobierno. Vuelvo, ay, llorando desconsolado, a mirar los muros de la patria mía.