01 octubre 2020
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El COVID-19 y la verdad

13 sep 2020 / 03:00 H.

    Sea cual sea el final de esta tragedia venida de China, el Estado de Bienestar español (Sanidad, Educación...) ha quedado muy tocado, al ponerse en evidencia muchas carencias y defectos, y no por la calidad –que es muy alta– de los sanitarios. Como ha escrito el doctor Rafael Matesanz (el introductor y director de los trasplantes), hay una opinión generalizada entre los sanitarios españoles que sostiene con sólidos argumentos que la gestión, sobre todo el principio, ha sido francamente deficiente. En efecto, se llegó tarde a todo tras una actitud ministerial incompetente mientras el virus se multiplicaba, y aquello produjo resultados catastróficos que pusieron a España a la cabeza de los rankings mundiales en número de fallecidos, sanitarios contagiados y daños económicos.

    Y luego vino una caótica desescalada, pilotada por un comité de expertos (más tarde nos enteramos de que aquel comité nunca existió) y que todo obedeció en exclusiva a las decisiones y el ritmo que impuso el propio ministerio, con su filias y sus fobias pero con un factor común: se hizo más deprisa de lo que los epidemiólogos recomendaban.

    En resumen, el tratamiento institucional del virus ha sido lamentable. Y en ello seguimos, con estadísticas incompetentes, que ahora en verano han pasado a ser amenazadoras por estar llenas de malas noticias. Por ejemplo, publicitando casi en exclusiva el número de los contagios. Una cifra que carece de valor y, sin embargo, no se publica el porcentaje de positivos sobre el total de los testados, cuando de esos positivos sólo el 4,8% ha ido al hospital.

    Por otro lado, el presidente del Gobierno acaba de anunciar que antes de finalizar el año tendremos vacunas, pero existen razones para ser cautelosos con las vacunas, desarrolladas con demasiada prisa. En primer lugar, nunca se ha aprobado una vacuna contra ningún tipo de coronavirus y las técnicas empleadas con ellas son nuevas en la mayoría de los casos.

    La primera vacuna que la UE ha contratado (llamada AZD1222) es la desarrollada por la Universidad de Oxford y la farmacéutica Astrazeneca, que utiliza adenovirus de chimpancé atenuados y modificados genéticamente y cuyas fase II ha obtenido unos resultados que plantean interrogantes. Los 1.077 individuos cuidadosamente seleccionados (todos perfectamente sanos) tenían entre 18 y 55 años de edad, con una media de 35 años. Pero que la población de riesgo del coronavirus se suele establecer más allá de los 60 años de edad.