16 septiembre 2019
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El bote de Hacienda

13 jul 2019 / 03:00 H.

V AYA por delante que soy un firme defensor de los impuestos. Sepa usted, ante todo, que considero necesario pagar para mantener el llamado estado del Bienestar que es uno de los pilares básicos de nuestra convivencia. No hace falta que le recuerde que con tributos se puede sostener la sanidad, la educación, las carreteras, la justicia, las fuerzas de seguridad o la luz de las farolas. Los impuestos son la sangre necesaria para mantener vivo el gigante sistema de servicios que afortunadamente disfrutamos en los países desarrollados.

Dicho esto, una cosa es pagar y otra muy distinta es tener la sensación de que te están usurpando. Le cuento esto porque el otro día tuve la oportunidad de charlar, sobre los impuestos, con las últimas víctimas de un enorme sablazo fiscal. Los habrá visto usted esta semana en la tele. “Los Lobos”, con la ayuda del añorado José Pinto, se han llevado el mayor bote de la historia de la televisión y en Hacienda deben estar tan contentos como ellos. Erundino, Manu, Valentín y Alberto le acabarán entregando al fisco prácticamente la mitad de su bote. En total, de los 6,6 millones que les dará el concurso después de dos años contestando preguntas, algunas imposibles, le quedarán 3 y pico a repartir entre los cuatro. Alberto y Valentín despachaban el asunto con una sonrisa de qué le vamos a hacer, Erundino con una mueca y Manu decía que este tipo de premios, por ser algo extraordinario, deberían tributar como los de la lotería. Porque tenga usted en cuenta, que además de tributar con la mitad del bote, “Los Lobos” volverán a pasar por la ventanilla del fisco si se compran una casa, un coche, un yate, dan la vuelta al mundo o si invitan a cenar a todos sus familiares.

Está claro que a cualquiera le gustaría poder pagar esa cantidad de impuestos. Al fin y al cabo, si es así, es porque hemos ganado más del doble. Pero en casos como este, la imposición es totalmente desproporcionada. Está bien que pague más el que más gana. Es la teoría fiscal del “Robin Hood”, aunque las grandes fortunas suelen esquivar estos porcentajes a base de sociedades interpuestas y de Sicavs. Pero en casos como el que le cuento, tamaña imposición suena más a expolio que a contribución.

Una de las grandes paradojas del bote de “boom” la encierra Valentín el fundador del grupo. Su ingente cultura solo le ha valido, en el mercado laboral, para conseguir un contrato como profesor universitario de Arte y ganar la sonrojante cifra de 250 euros al mes. Sus dos años sin fallar le han sacado de la precariedad. Más fácil lo ha tenido la Agencia Tributaria. Sin saber dónde está el golfo de Botnia se ha llevado casi la mitad del premio. También allí, en Hacienda, deben estar dando botes con “Los Lobos”.