23 agosto 2019
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Con to la caló

15 jul 2019 / 03:00 H.
Manuel Muiños
Renglones torcidos

Así expresan los andaluces o andazules, que diría Chaves, la temperatura subida de tono que hemos padecido y amenaza con repetirse en fechas venideras. El cambio climático está más que acreditado, aunque desgraciadamente no estemos tomando la conciencia necesaria ante dicha realidad. No se trata de meter miedo en el cuerpo pero sí de hacer campaña de concienciación con la responsabilidad personal que hemos de tener en los cuidados de nuestro planeta.

Hablando de campañas, las hay de todos los tipos y tamaños. Hechas a medida para todos los planteamientos e ideas más variopintas o peregrinas. Las hay de temporada o estacionales, primavera, verano, otoño e invierno, muy propias de los distintos centros comerciales. Las hay solidarias, propias de la Navidad o siempre cercanas a las distintas ONGs que se ocupan y preocupan de aquellos más desheredados de la tierra por distintas circunstancias. Normalmente por la injusticia social y la despreocupación de los gobiernos de turno. No podemos olvidar las campañas de concienciación ante situaciones tristes, dolorosas y lamentables o bien para posicionar a sectores poco respetados o no aceptados por el común de los mortales. En fin que son múltiples y variadas, lo malo es que muchas son necesarias y lo peor que algunas son manipuladas, tergiversadas y utilizadas en beneficio de intereses particulares. Incluso las hay que se realizan para justificar ayudas y subvenciones que no llegan o llegan mermadas a los verdaderos necesitados. Ahora bien, lo que no alcanzo a entender son las campañas políticamente correctas y socialmente inútiles y fuera de lugar. Esas que se hacen en función de la ayuda pública, esas que se hacen como lavado de cara, esas que son todo humo, esas que suponen un gasto cuya cuantía invertida en necesidades reales se convertiría en una inversión no solo económica si no humana, que a fin de cuentas es lo que realmente debería importarnos. Reconozco que mi cabeza no da para más pero si no tenemos para pan creo que no podemos comprar estampitas y ante algunas campañas no puedo más que pensar aquello que se dice por mi tierra: “cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”.

En fin, que a lo mejor hay que plantearse las responsabilidades en primera persona. Menos campañas, menos leyes, menos normas y más madurez, más conciencia, más educación, más formación, más compromiso, más exigencia personal. Quizá menos masa y más personas, menos rebaño, menos orejeras y más conciencia crítica. Con to la caló que hace no quiero yo calentarme ni calentar los ánimos, que ya bastante están y no sé muy bien porqué, pero quizá tenga que ver con todo lo anterior. Tal vez si ponemos cada uno un poco de nuestra parte se refresca el ambiente y andamos todos más a gusto.