03 diciembre 2020
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¿Como niños? Ya quisiéramos

    Los 20-N me gusta recordar que se celebra el Día del Niño y así olvido otros aniversarios con nada que celebrar. La historia de Salamanca está salpicada de niños interesantes, como Lázaro o Juan Picornell, y de episodios dramáticos o trágicos, vividos, por ejemplo, en la Casa de los Expósitos, que luego se hizo Archivo de la Guerra Civil. No dejo de saludar en tan señalado día al niño del avión que abre el Paseo de Carmelitas, obra de Agustín Casillas, ni de añorar a la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, ni de admirar, entre otros, a los profesionales de las bibliotecas que tratan con niños. La actualidad me obliga, también, a darle las gracias a los impulsores del Salón del Libro Infantil y Juvenil, en el que tengo algunos buenos conocidos: Elisa Yuste, Noelia “Carioca”, Araceli García, Raúl Vacas, Fernando Saldaña, Isabel Sánchez, Raquel López, Óscar Martín, Marieta Monedero, Juanvi Sánchez, Josetxu Morán, Fernando Rubio... creadores de una asociación de fomento de la lectura en la que se gestó esta iniciativa, que entra en su segunda edición. Tiene toda la información en www.asociacionlasal.com. Aprovéchela. Hay cine, talleres, teatro, encuentro con autores... del modo que permiten estos días pandémicos.

    El escritor Juan Meléndez Valdés, retratado en el chaflán de su calle y la de La Compañía, recoge en su informe a la Universidad de Salamanca sobre el examen universitario al niño de tres años Juan Antonio Picornell, el 3 de abril de 1785, el elogio de los comisarios de la prueba a los padres de la criatura por fomentar en él los conocimientos. Hágase merecedor de todos los elogios por incentivar a que sus niños lean y no sea dóciles al adoctrinamiento y la idiotización. Por cierto, qué mal terminó sus días el padre de Juan Picornell, Juan Bautista Picornell, cuya biografía da para un novelón de los de Dumas, igual que el documental de Manuel Menchón sobre Unamuno reclama su libro. El documental llena salas, según datos oficiales, en estos tiempos tan difíciles para los cines y para casi todo. El caso es que Juan Bautista Picornell, bachiller y profesor de la Universidad de Salamanca, fue un pedagogo y reformista educativo en su tiempo –se dice que experimentó con su hijo—lo que le dio cierta influencia y algunas rentas. Lo recuerdo porque acaba de aprobarse una nueva Ley de Educación, la LOMLOE, condenada a durar menos de diez años, o sea, entraría penalmente en el infanticidio. ¿Se enterarán los niños de este trajín educativo que nos traemos los adultos con ellos? ¿Tenemos derecho a hacerlo? Celebremos la resilencia de los niños y desterremos compararlos con los adultos. Al “son como niños”, que aplicamos, por ejemplo, a nuestros políticos, hay que responder que ya quisieran estos.

    Este Día del Niño, ya lo ve, llega con los pobres críos enmascarados, sin poder besar ni achuchar a sus yayos y en un entorno hostil. En general se han adaptado bien porque cunde el ejemplo a su alrededor, pero han perdido la sociabilidad del deporte, la música, las clases de inglés y las fiestas, por ejemplo. Sabemos que tienen miedo -lo dicen los psicólogos- y lo gestionan a su manera, refugiándose en los juegos, pero hay que estar muy pendientes de ellos. También la lectura es un parapeto frente a este entorno pandémico, y por eso el Salón es tan importante ahora.

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