18 junio 2019
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Club CIS, amor las 24 horas

11 abr 2019 / 03:00 H.
Jairo Junciel
LA NAVAJA DE HANLON

En el número 8 de la castiza calle de Montalbán, en pleno corazón de Madrid y muy cerca del parque del Buen Retiro, se encuentra uno de los prostíbulos más famosos del país. De sus amplias instalaciones —pagadas por todos— entran y salen meretrices de la encuesta que se venden baratas a quien tenga a bien algo que ofrecer. Lo regenta don Tezanos, un alcahuete ya entrado en la edad del caldo, un ajado socialista de papada mustia, ojos de cachorrillo degollado y barba esponjosa, tan rala como lo son sus métodos estadísticos.

Este martes, a escasas semanas de las elecciones generales, el chef pupilo del poder aireó su última bellaquería. Di que sí Tezanos, con un par, que no se diga. Para lo que nos queda en el convento nos evacuamos dentro. Además hay que mantener contento al jefe y a sus allegados. Puede que cuando termines de destruir la poca credibilidad que le queda al CIS quizás haya para ti un cómodo asiento en la mesa directiva de alguna multinacional. Pero no adelantemos acontecimientos.

Reconozco que me estaba frotando las manos esperando el resultado de su mal llamada encuesta. Nos tiene acostumbrados a disparates de un calibre tan superpesado que hace ya tiempo dejé de indignarme. Ahora me resulta la broma más hilarante. Y Tanzanos no me defraudó.

De convocarse hoy elecciones el PSOE sería ganador por mayoría absoluta en España, Francia, Italia, Antigua y Barbuda, toda Rusia, Australia, el pueblo de Chuck Norris y, por supuesto, en Guarromán (provincia de Jaén). Según este estadista España —en sus fantasías— volverá a ser el imperio en el que no se pone el sol y Falconetti será el paladín que dirija a todos y a todas, hembras y hembros, a una nueva era de luz y amor.

Lo peor de todo no es que unas personas con intereses sesgados estén en puestos de poder en los que se supone que la norma debería ser la más férrea independencia, neutralidad y verosimilitud. Pero no es así. Son personas que están manipulando descarada y vilmente la realidad. Como si fuera arcilla la retuercen y moldean hasta convertirla en el resultado que a ellos más les conviene. Pero esto no es lo peor. Lo peor es que siempre habrá algún necio —si fuera sólo uno me pegaba con un canto en los dientes, pero en este país a los dispuestos a ser engañados los contamos por millones— que se lo creerá a pies juntillas y caminará como un zombi, papeleta en mano, a depositar en la urna el salvoconducto que permita a un gobierno manipulador seguir tergiversando la realidad cuatro años más.