14 agosto 2022
  • Hola

Carlitos y compañía

02 jul 2022 / 03:00 H.

    La pasada semana me reencontré con Carlos, con Carlitos (Salamanca, 1990), en Miami, ciudad en la que vive desde hace unos cuatro años y donde está forjando su vida en el sector inmobiliario en espera de hacerse empresario, su meta aquí... o allí. Creciendo y aprendiendo. Nos citamos en un terraza-restaurante de Brickell, “Crazy About You”, donde suelen reunirse los “expats” españoles y disfrutar de una “Mahou” como si estuviéramos en una terraza de Madrid, o de nuestra querida Salamanca; un local además gestionado por otro español, Carlos Galán, que ha llevado sus inquietudes profesionales al otro lado del Atlántico bajo la “vigilancia” de los osos del artista dEmo que decoran el local, uno de ellos presentado por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que estuvo también esos días en la ciudad para levantar más puentes socioeconómicos y culturales entre Madrid y Miami. Ya me gustaría que el fomento de esos lazos correspondieran a nuestra región (Universidad de Salamanca, tomen nota), unida históricamente a La Florida, pues no olvidemos que su descubridor fue el vallisoletano Juan Ponce de León (no, no es un “influencer” ni un delantero argentino del Chelsea)...

    ... Siete mil kilómetros que nos separan de una ciudad donde el progreso y el dinero crecen de forma proporcional. La pujanza del “Estado soleado”, que no para de trabajar, su secreto y adonde quería llegar para aliviar los tiempos convulsos que se viven en Europa, y aún más España. Y no digamos en Castilla y León, en Salamanca... abanderadas del refrán “a perro flaco, todo son pulgas”.

    Pero no quería escribir de sistemas económicos, de legislaciones, de políticas fiscales o educativas, o de estilos y calidad de vida (odio la manida expresión de “como en España en ningún sitio”), quería hablar, gritar para ser exactos, de “actitud”, la gran lacra de la España subvencionada y comatosa.

    Carlos me presentó en “Crazy” a algunos de sus amigos españoles, como Nacho, un vasco de 26 años que trabaja para una multinacional de Éibar. O Jose, un joven barcelonés que está en “Merrill Lynch”. Y todos con un denominador en común, más allá de que se encuentren en EE.UU. o en Almería: sus ganas de hacer cosas, de progresar, de comerse el mundo, de ser felices y liberados de la gran cruz del españolito de a pie: el trabajo es una plaga de dimensiones bíblicas. Carlos, Nacho y Jose me inyectaron, “Mahou” en mano, esperanza. No todo parece ser cansancio, desgana, sopa boba y quejas por todo. Ya saben lo que pienso: “la fama cuesta y aquí vais a empezar a pagar. Con sudor” (de “Fama”).

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