23 octubre 2021
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Bailar la bandera

20 sep 2021 / 03:00 H.

    Si hay algo realmente único en Hinojosa de Duero es su baile de la bandera. Que esta danza tenga lugar el día de San Juan al parecer es pura casualidad histórica. Poco tiene que ver con el Santo, con la religión o con las hogueras. El baile proviene de una leyenda, por lo que no hay registros históricos más allá de la costumbre oral durante siglos. Probablemente de madres a hijas, aunque hoy en día, las mujeres sigan sin participar de forma activa. Y digo de madres porque las mujeres han sido tradicionalmente, por su impedimento histórico de ocupar los espacios públicos, quienes han cargado, como matrices del ser humano, con el peso de las construcciones de la patria y la nación.

    El caso es que, según la leyenda, el señor feudal era un verdadero déspota. Un tirano que venía con exigencias. Pensándolo bien, esto me recuerda a lo que está sucediendo ahora con cierto oligopolio energético, aunque este señor cobraba hasta el ius primae noctis. Y se dice que solo conocía las leyes de su antojo. Vaya, más similitudes. El pueblo, oprimido, deseaba sacudirse ese yugo que tanto le afrontaba. Paralelamente, había un muchacho que rondaba a la hija del tirano. La historia cuenta que se comunicaban a través de señas desde el monte de enfrente. De miopía no sufría ninguno. O igual con lo caro que sale este problema - que afecta a más del 50% de los españoles de entre 18 y 34 años- no podían permitírselo. Aunque con el Plan Aliste tampoco tendrían médico que les derivase. En cualquier caso, me da que el muchacho se entretenía haciéndole muecas mientras estaba al careo, y la otra, que no tenía nada que hacer, le seguía el rollo, que la vida cortesana debe de ser muy aburrida. Miren si no como corría la infanta Leonor a coger su vuelo. La cuestión es que la muchacha, sabe Dios haciéndole qué clase de señas, concretó que una noche dejaría la puerta abierta para poder verse de cerca. Él, pastor de profesión y con conciencia de clase, avisó al pueblo de aquello. Así que allí se presentó la masa, unida y organizada.

    Hay otra variante que dice que los nijoseros, cansados ya de que el señor se sobrepasase con las muchachas y que los mandase colgar a la mínima, querían rebelarse. En esta versión se dice que el feudal era portugués. Será por aquello de hacer nación, porque en este reino también hay opresores y aprovechados. En el relato, un tal Juan mantenía reuniones en un Concejo autoformado que buscaba atacar y acabar con el servilismo. Vamos, un podemita que forma su círculo para “tomar el cielo por asalto, no por consenso”. Así que, un día, el pueblo, armado con destralas y tornaderas, rodeó el castillo.

    En ambas versiones se cuenta que el feudal huye, y en su huida, medio desnudo por el sobresalto, llevaba una calza (leggins para los que nacimos de los 90 en adelante) a medio poner y una alabarda (esto sí que ya lo buscáis en Google como me ha tocado a mí) en la mano. Y de aquella leyenda queda el baile que lo refleja. A ritmo de eso tan nuestro como el tamboril, la danza plasma el enfrentamiento entre el señor, alabarda en mano, y el pueblo, representado por un joven que porta una bandera como símbolo, mientras la gente del pueblo lo aplaude y vitorea. Pero bueno, os recomiendo verlo en Youtube si no lo conocéis. Y el lector, a estas alturas, se preguntará por qué hoy me ha dado por estas, que ni es San Juan, que menudo trabajo malo he hecho plasmando una leyenda manida en nuestras tierras, y ni siquiera soy de Hinojosa. Seré claro, breve y conciso: en la danza, el que lleva la bandera, al final sale a hombros.

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