16 agosto 2022
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Atila y los numantinos

09 mar 2022 / 03:00 H.

    Aquel bárbaro se llama hoy Vladimir, y su caballo no es Othar, sino divisiones acorazadas que invaden y asolan sin piedad los pueblos y naciones que bordean el inmenso territorio ruso, y sobre los que algún día volverá a crecer la hierba. El asedio a Kiev, una importante ciudad cuando Moscú era aún una aldea, está próximo a concluir, pese a su resistencia numantina. Como el templo del que trata el Evangelio de San Lucas, “esto que contempláis llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra”. Asistimos en directo a la destrucción de una capital, defendida hasta el heroísmo por quienes saben cómo es Putin, la asfixia de libertades - y la represión -, que traerá su “victoria”. Edificios derruidos y columnas de humo, junto a ucranianos cuyas esposas e hijos huyen a la Europa libre, y están dispuestos a inmolarse en las barricadas. A pesar de esta política de tierra quemada, tengo la convicción que algún día - ya no estaré -, Kiev resurja de sus cenizas.

    Salvo Numancia, las ciudades renacen. Es una constante histórica. En nuestra guerra incivil, primavera del 37, la Legión Cóndor y la aviación italiana, que apoyaban a Franco, bombardearon Guernica, la ciudad bajo cuyo roble se jura respeto al fuero de Vizcaya. El hecho quedó plasmado para la historia en el asombroso mural que pintó Picasso. Hubo 126 muertos y gran devastación. Hoy es una ciudad que reúne sus monumentos y una ejemplar modernidad. ¿Represalia del bando republicano?: el bombardeo de Cabra, en noviembre del 38. Estragos y 109 muertos. También se reconstruyó.

    En la guerra mundial posterior, Hitler contestó a un bombardeo de Churchil contra Berlín, dejando materialmente planchada Coventry, y amenazó con “coventrizar” toda Inglaterra. Pero la aviación aliada, en una decisión históricamente reprobable, contestó seleccionando la “Florencia del Elba”, Dresde. Los aviones británicos y norteamericanos arrojaron 4.000 toneladas de bombas y dispositivos incendiarios. Entre 25.000 y 40.000 muertos. Las fotos de su ruina son increíbles. En ella Putin fue teniente coronel de la KGB. Es una de las más hermosas ciudades que conozco, y la labor de reconstrucción de sus edificios renacentistas y barrocos, titánica.

    Estoy pensando, en fin, en la milenaria Alepo, la ciudad siria más poblada, incluso más que la capital Damasco. La visité pocos meses antes de que estallara el conflicto y seguí después por los medios su progresiva destrucción, comenzando por el formidable barrio cristiano. Si los rebeldes no respetaron ni la joya de la ciudad romana de Palmira, que había soportado las injurias del tiempo, hicieron de Alepo el principal escenario de la guerra. Hoy todo son ruinas. ¿Cuándo acabaremos los hombres de pelearnos y de este tejer y destejer, destruir y reconstruir?

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