21 julio 2019
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11-M: El otro lado del espejo

14 mar 2019 / 03:00 H.
Jairo Junciel
LA NAVAJA DE HANLON

Villarejo sabe medir los tiempos. Esperó hasta este lunes, día del decimoquinto aniversario de los atentados del 11 de Marzo, para vocear como mercader los audios de sus grabaciones con la cúpula policial que investigó dichos atentados. Ojo, que nadie piense que Villarejo es un héroe, ha soltado la lengua única y exclusivamente porque está en prisión. Tengan por seguro que si no estuviera en tal hotel jamás nos habríamos enterado de la misa la media... y estoy seguro de que, como en las películas de suspense, algo ocurrirá en el último momento que o bien deje libre al ex comisario o bien suponga una reducción sustancial de la condena. Al tiempo. Ya veremos cómo acaba la película. “Amigos hasta en el infierno” y en este país —como en todos— si no mantienes la boca cerrada puedes amanecer suicidado con tu propia escopeta para acto seguido ser rápidamente incinerado.

Pero vamos al tema, que tiene tela:

Según lo contenido en estas grabaciones, la cúpula tenía la firme sospecha de que detrás de los atentados estaban nada menos que Francia y Marruecos. Con Marruecos no nos llevamos bien, no es nada nuevo: todo comenzó en 722 en Covadonga, pero para resumir voy a ceñirme a los últimos veinte años. La ocupación del pedrusco de Perejil en 2002 fue el punto álgido en las continuas tensiones con este país; era de esperar que si encontraba alguna manera de hacernos daño lo harían. ¿Pero Francia? ¿Qué pinta Francia en la ecuación?

En el 2003 el conocido como “Trío de las Azores”, formado por Estados Unidos con Bush, Reino Unido con Blair y España con Aznar, decidió meterse en el percal este de la guerra de Irak. Unos meses después, la coalición comenzó lanzar pepinos sobre Bagdad. Por otra parte, Francia, Bélgica, Alemania, Rusia y China, entre otras naciones, se opusieron firmemente a dicha invasión.

En esta vida, para sacar una verdad difusa siempre es mejor preguntarse no por las intenciones directas sino por los beneficios o perjuicios recibidos. ¿Qué perdía Francia en una invasión a Irak? Pues contratos multimillonarios de su petrolera TotalFinaElf —hoy Total S.A.— para explotar el crudo sobre el que se sentaba Sadam. Sabían que si la coalición lo derrocaba esos contratos serían basura.

Moromed VI necesitaba ayuda para dar el golpe. ¿Encontró esa ayuda en Francia? ¿Fueron los atentados de Madrid, y un año después los de Inglaterra, una vedentta Marrueco-Francesa? Es mucho suponer, lo sé; pero en este mundo extraño plagado de intereses no me cuesta mucho imaginar un vínculo causa-efecto. Una cosa está clara: jamás sabremos la verdad —la genuina, la real— sino aquella que nos quieran vender.