24 mayo 2019
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Cristóbal de Castillejo en la Zarzuela

19 dic 2018 / 05:00 H.

Por suerte, hay sorpresas agradables. Ello sucedió el pasado día 10 en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, nada menos que en el recital de la extraordinaria soprano Ainhoa Arteta, cuando entre los textos de sus bellas canciones había una que me sorprendió gratamente; era del poeta mirobrigense Cristóbal de Castillejo.
Ello, al margen de la belleza de la voz de la soprano y del arte del pianista Roger Vignoles, me hizo recordar la figura, irregularmente conocida, de este original poeta salmantino del siglo XVI. Y digo irregularmente porque, incluso, en el programa del concierto el apellido de nuestro poeta estaba mal escrito "Castillejos" en plural y tampoco se sabía la fecha de nacimiento (1490), que aparecía en interrogantes.
Sin embargo, la canción elegida que tenía ingenio y humor, fue cantada a la perfección por Ainhoa Arteta. Sin duda, formaba parte de las canciones de amor de este autor de vida variopinta que, además de monje cisterciense, tuvo una vida agitada y aventurera más propia de un Don Juan que de un fervoroso clérigo.
Nuestro monje, que fue también criado o paje y, posteriormente, secretario de relevantes aristócratas y monarcas, como el rey de Hungría y Bohemia, recorrió media Europa, recalando en Viena, donde falleció en 1550 a los 60 años. Siempre escribió en octosílabos y fue muy crítico con las corrientes poéticas italianas en boga y con sus seguidores españoles como Garcilaso de la Vega, Boscán y otros. Fue, en suma, un rebelde y nadó contracorriente. Quizá su ejemplo debería servirnos en esta época de sometimientos y claudicaciones ante las modas imperantes en tantas facetas de nuestra vida, empezando por el lenguaje que bien haría por respetar la pureza del nuestro.
Pero volviendo a la vida de nuestro lígrimo paisano, siempre tuvo amoríos platónicos y de los otros, incluso se le atribuía un hijo natural, pero tuvo tiempo para dejarnos una rica obra literaria que, como vemos, no está olvidada ni relegada hasta el extremo de comparecer en actos relevantes como el citado recital. Y ¿que decían los versos de Cristóbal de Castillejo denominados "Canciones clásicas españolas", entonados por la gran soprano?. Titulada "Al Amor", decían: "Dame Amor, besos sin cuento, asido de mis cabellos, y mil y ciento tras ellos y tras ellos mil y ciento, y después de muchos millares, ¡tres!, y porque nadie lo sienta desbaratamos la cuenta y contemos al revés".
No es mala idea, precisamente en estos días de euforia que se avecinan, seguir el sabio consejo amoroso de nuestro bate. Pues en esto, a pesar de los siglos, deberíamos seguir siendo pertinaces y hacer un alto en el camino para ponerlo en práctica. Gracias Castillejo por recordárnoslo y, naturalmente, Felices Pascuas a todos. Buenos días y buena suerte.