16 octubre 2019
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Los secretos familiares de los aristócratas de Ciudad Rodrigo, los Montarco

Ana de Rojas, hija del Conde de Montarco, ha presentado este agosto en el palacio que fue su casa en Ciudad Rodrigo una novela basada en la historia de su familia y sus antepasadas. Para GENTE de LA GACETA habla de la relación con la segunda mujer de su padre, Charo Palacios, y la hija de ésta, Alejandra de Rojas, muy populares en la prensa del corazón

24 ago 2019 / 21:52 H.

De nacer y criarse en el seno de una familia aristocrática en el Palacio de Montarco de Ciudad Rodrigo, compartir encuentros y charlas con Don Juan de Borbón y la élite de Franco y vacaciones con la ‘jet’ europea en Palma de Mallorca a pasar sus días cuidando su huertito en la casa parroquial alquilada del pequeño pueblo salmantino de Morasverdes que paga con su pequeña pensión no contributiva, rodeada de gatos, perros, topillos, un erizo y disfrutando de sus nietos. Y no tiene vergüenza de decirlo en público. Ana de Rojas, divorciada desde hace 30 años, vuelve a la actualidad. La hija menor del V Conde de Montarco, Eduardo de Rojas Ordóñez, y de María Pardo Manuel de Villena, vive muy feliz y en paz consigo misma, confiesa, “lejos de la banalidad, el consumismo y la frivolidad”. Una vida muy diferente a la de su hermanastra, Alejandra de Rojas, la hija menor del Conde de Montarco (fruto del matrimonio con la segunda mujer, Charo Palacios), habitual en eventos sociales, de moda y en las revistas del corazón, y casada y embarazada del sobrino de Esperanza Aguirre.

Los secretos familiares de los aristócratas de Ciudad Rodrigo, los Montarco

Foto de las dos familias. De izquierda a derecha desde la fila de atrás. Fernando de Rojas (cuarto de los hijos); el conde de Montarco; Luis Lazcano (marido de Ana); Miguel Zuazo (marido de Blanca), Carlos de Rojas (tercero de los hijos); Joaquín Zuazo de Rojas (segundo de los hijos de Blanca y actual conde de Montarco). En la fila de en medio están Campana López-Roberts (mujer de Juan Manuel); Ana de Rojas (quinta hija); Charo Palacios (segunda mujer del conde); Julio de Rojas Palacios (primer hijo del conde y su segundo matrimonio); Blanca de Rojas (primogénita de los condes de Montarco); Carmen Vargas (mujer de Carlos); Juan Manuel (segundo hijo, con su hija María en brazos). En la primera fila: Rodrigo y Miguel Zuazo de Rojas (primogénito y tercer hijo de Blanca); Eduardo e Ignacio Lazcano de Rojas (hijos de Ana); Sonia y Flavia de Rojas Vargas (hijas de Carlos).

Ana de Rojas vuelve a la actualidad y sale de su retiro para presentar en su “expalacio” de Montarco en Ciudad Rodrigo su nuevo libro “La carta perdida. En memoria de las condesas de Montarco”, una “historia novelada basada en hechos reales” donde relata la historia de las cinco condesas de Montarco antepasadas suyas hasta llegar a su madre María Pardo Manuel de Villena. “La última, Charo Palacios, no es de mi estirpe”, responde tajante la escritora, hija del fundador de la Falange junto con Primo de Rivera. Su novela, que tiene mucho de costumbrista y de emocional, habla de la curiosidad de sus antepasadas condesas de Montarco y sus aportaciones al ámbito social, económico, industrial y político de los siglos XIX y XX. No faltan anécdotas de su padre Eduardo de Rojas en la Falange, la División Azul, la relación con Primo de Rivera y Ramón Serrano Suñer y las cartas que escribió en el frente ruso. Curiosidades también sobre el palacio que fue su casa y que primero fue un granero que su tatarabuela reformó con habitaciones. “A mi padre le tocó en la herencia una parte de una gran finca en Vaciamadrid, pero como quería mucho Ciudad Rodrigo se lo cambió a su hermana por el palacio”, revela Ana de Rojas que recuerda episodios históricos relacionados con su antigua residencia. “Le pidieron el palacio a mi padre para retener a los duques de Windsor que estaban en Estoril, en un secuestro ideado por Hitler para lograr un acuerdo con Gran Bretaña con la promesa de devolverles el trono, pero el plan se abortó porque el servicio secreto inglés se llevó a los duques a Bahamas”, cuenta.

Los secretos familiares de los aristócratas de Ciudad Rodrigo, los Montarco

María Pardo-Manuel de Villena, la primera mujer del conde, con sus hijos Blanca, Carlos, Fernando y Ana en el palacio de Ciudad Rodrigo.

En su libro, Ana de Rojas desvela otro de los secretos ocultados por su familia y que encontró en los archivos que recibió en herencia: la ascendencia mestiza de su padre. “Mi abuela renegaba del origen de su madre, que venía de una mestiza indohispana, hija de madre soltera emigrante en Filipinas. Mi padre cuando estaba a punto de morir me llamaba para que le diera charleta. Un día le pregunté: ¿quién es esa señora tan guapa del cuadro del pasillo? La india, la madre de mi madre, me confirmó”.

De su padre, el V Conde de Montarco, con una familia muy vinculada a la tierra salmantina, su hija menor destaca su “pasión por la prensa y la política”. De hecho, Ana de Rojas se encargó de editar y dirigir el primer periódico agrario semanal y nacional “La Gaceta Rural”.

“Desde que nací, la relación entre mis padres estaba rota”

De su madre, María Pardo Manuel de Villena, que falleció por un infarto, reconoce que era “totalmente opuesta”. “Tenía gusto por la música clásica, la ópera, la lectura y una obsesión con la ética y la estética y estar contenta consigo misma”, detalla. Ana de Rojas desvela que ya desde que ella nació (fue la última de cinco hermanos), la relación entre sus padres estaba “deteriorada”. “El matrimonio estaba roto y la relación era mala. Yo siempre le decía que por qué no se divorciaba para que fueran felices cada uno por su lado”, relata al tiempo que desvela el por qué del título de su libro. “Se llama la carta perdida porque el mismo día que mi madre murió, ella había echado una carta al buzón para mí. 15 días después de todo aquello me llegó y no quise abrirla, no tenía fuerzas. Aquella carta se perdió y nunca sabré lo que me decía”.

El conde de Montarco rehace su vida entonces con Charo Palacios, un icono de estilo de la época y la modelo favorita y musa de Elio Berhanyer, y se casa con ella tres años después de la muerte de la madre de Ana de Rojas. Con ella tiene dos nuevos herederos: Julio y Alejandra. Ahí es cuando comienzan los desencuentros entre las dos familias. “Nosotros no frecuentábamos la prensa rosa y se fue deteriorando la imagen que se proyectaba de nosotros. Teníamos la fama de ser idiotas. Charo Palacios nos menospreciaba delante de sus amigos y mi padre, tontamente, entró en el juego de Charo. Se convirtió en el marido de la condesa de Montarco y eso que ella era condesa consorte por matrimonio. Tenía como objetivo anular a la primera familia porque estorbaba y eso me dolía profundamente porque era injusto. Mis hermanos se quedaron callados, aguantaron el chaparrón y no hicieron nada”, recuerda Ana de Rojas que, pese a todo, mantuvo una buena relación con su hermanastro Julio, que nació con seis días de diferencia con uno de sus hijos, y que se llevaba a pasar los veranos a Ciudad Rodrigo. Alejandra, su otra hermanastra, también tenía edad similar a la de Adela, la hija de Ana, e incluso pasaron juntas vacaciones en Sanxenxo.

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Alejandra de Rojas, la segunda hija del segundo matrimonio del conde, heredera de la fortuna, que se ha casado con Beltrán Cavero (foto abajo), sobrino de Esperanza Aguirre.

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Alejandra de Rojas espera su primer hijo para este otoño fruto de su matrimonio con el empresario y músico Beltrán Cavero, ex de Laura Ponte. El sobrino de Esperanza Aguirre fue el principal apoyo de Alejandra tras el duro golpe de la muerte de su madre, Charo Palacios, en 2016. La guapa empresaria, dueña de una franquicia de la tienda parisina Maje, colaboradora de la marca Cuplé y editora de la revista “Telva”, que en su día también fue pareja de Luis Medina, el hijo de Naty Abascal, se convirtió entonces en una de las ricas herederas de la alta sociedad española junto a su hermano de la importante fortuna de los Montarco, con cinco inmuebles valorados en 3,8 millones de euros, según se desveló en Vanitatis.

“Charo Palacios quería anular a la primera familia porque estorbaba”

Del título y las herencias habla también para GENTE la salmantina Ana de Rojas, que ahora subsiste como puede con una pensión no contributiva y las ayudas puntuales de la familia, y se quita de “caprichos que no son vitales”. “Cuando murió mi madre, teníamos que haber heredado el 50% de la fortuna de mi madre, pero accedimos a que mi padre crease una sociedad donde metía nuestra parte y la administraba, pero nunca vimos un dividendo. Cuando se casó en segundas nupcias con Charo Palacios teníamos que haber hecho cuentas, pero por mala educación, por timidez y delicadeza no reclamamos nada. Con lo cual, mi padre y Charo vivieron de la fortuna de mi madre, que era nuestra”, revela Ana de Rojas que eso sí, rompe una lanza a favor de su madrastra: “Charo eso no lo sabía. Pensaba que éramos un desastre y nos habíamos comido el fortunón de mi madre en pocos años, pero es que no lo habíamos recibido”. “Después, tras la muerte de su padre, sólo recibimos una mínima cantidad y la mayor parte fue para Charo Palacios y su familia”, agrega Ana de Rojas, que recuerda, eso sí, que ni Julio ni Alejandra han heredado el título del condado de Montarco. El título lo heredó la hermana mayor de Ana de Rojas y tras la renuncia de su sobrino Rodrigo a los derechos sucesorios, ahora es el sobrino mediano el que ostenta el título.

Los secretos familiares de los aristócratas de Ciudad Rodrigo, los Montarco

Toda la familia al completo en 2003 en la presentación de un libro de los artículos del conde de Montarco. En primera fila está Ignacio, hijo de Ana de Rojas, con su mujer; y Eduardo con la suya, Susana. A la izquierda del todo, en primera fila está la hija Ana de Ana de Rojas. Detrás del todo se ve a Alejandra de Rojas.

Curiosamente, pese a las malas relaciones de Charo Palacios con sus hijastros, Ana de Rojas era la que mantenía la relación más “cordial” con la segunda mujer de su padre, aunque por “razones egoístas”. “Yo empecé a trabajar con mi padre porque me pidió ayuda con el periódico. Y si además había algo en lo que intervenir en la pequeña economía de la casa o de su familia, yo ayudaba a mi padre y me llevaba bien, aunque me preocupaba que dejara a mis hermanos de lado”, explica Ana de Rojas, que se mantuvo 50 años “pegada” al conde, “disfrutando de sus capacidades sociales, políticas y económicas”. “Tenía un sueldo miserable que me pagaba en dátiles, pero disfrutaba de su vida social y conocía gente interesante y culta”, asegura, algo que no echa de menos ahora.

“Mi padre y Charo vivieron de la fortuna de mi madre, que era nuestra”

“Nunca he sido apegada a lo económico. He sido rica y ahora soy pobre, pues soy pobre. Tengo lo que necesito. No echo de menos la vida de la aristocracia porque cuando estás demasiado metida en la vorágine social te queda poco tiempo para pensar y madurar y es mejor desarrollar el cerebro que otra cosa. Hay que dar importancia a las cosas que la tienen y no sentirte el ombligo del mundo”, reflexiona Ana de Rojas que concluye esta entrevista para GENTE con un mensaje sincero y profundo: “Cuando murió mi hija y mi madre dije que sería víctima de lo que fuera, pero no de mí misma”.

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