22 septiembre 2019
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La Confederación Hidrográfica del Duero apuesta por una gestión diferente del agua

Está potenciando la creación de comunidades de usuarios de los recursos hídricos subterráneos con el fin de lograr más eficiencia en su gestión

03 sep 2019 / 20:02 H.

La explotación racional del agua y su mayor aprovechamiento pasa también por fomentar nuevos usos en la cuenca del Duero. Así, la Confederación Hidrográfica del Duero, CHD, está potenciando la constitución de comunidades de usuarios de aguas subterráneas. Un sistema de aprovechamiento del agua subterránea que permite más eficiencia en el consumo, menos costes y también una alternativa nueva a situaciones de escasez y sequía en muchos puntos de la cuenca.

Según el comisario de Aguas de CHD, Ignacio Rodríguez, una de las principales barreras que hay que salvar en lo relacionado con las aguas subterráneas es que “es un sector profundamente individualista en nuestra cuenca. Todavía no tiene interiorizado que las aguas que hay bajo el suelo forman parte de algo más grande, de un sistema de acuíferos integrados en el ciclo hidrológico y que son objeto de gestión por parte de la administración hidráulica del Estado” a pesar de que el aprovechamiento en la cuenca de este recurso es muy importante, con 800 hectómetros cúbicos de aguas subterráneas extraídas al año.

La formación de comunidades de usuarios de aguas subterráneas permite no sólo lograr “un aprovechamiento más racional de los recursos”, sino también dar “una posible solución a los problemas de suministro de muchas zonas agrícolas de la cuenca que se nutren de aguas subterráneas y que está sobreexplotadas. El Plan Hidrológico de la cuenca del Duero tiene perfectamente identificadas las masas de agua subterráneas con problemas cuantitativos y establece una serie de medidas de restricción de los aprovechamientos, medidas que tenemos la obligación de cumplir y hacer cumplir”, afirma el comisario de Aguas.

La conformación de comunidades de usuarios es además una ventaja porque cada entidad sabe cada año de qué volumen de agua dispone, decide sus usos y reduce costes individuales ya que pueden negociar colectivamente tarifas energéticas e incluso llegar a sustituir captaciones individuales por otras comunes. Menos papeleo y más flexibilidad en el uso del agua, ya que la explotación individual está muy limitada a la concesión aprobada mientras que con una comunidad se reparte entre los partícipes en cada campaña en función de las demandas sin tener que realizar cambios en la concesión. Son figuras que además aportan otros beneficios añadidos ya que una explotación ordenada de los recursos beneficia tanto al usuario como al medio ambiente.