16 enero 2021
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El ganado de la comarca de Béjar, camino de Extremadura

La llegada tardía de los fríos ha permitido mantener ganado trashumante más tiempo de lo habitual antes de bajar las vacas a Cáceres

La trashumancia tradicional tiene al mes de diciembre como la fecha fija del traslado habitual de las vacas desde las fincas más altas de la comarca de Béjar a tierras más cálidas en Extremadura. El 20 de diciembre suele ser la fecha en torno a la que las vacas bajaban, aunque la buena otoñada de este raro 2020 y la ausencia de fríos notables y de heladas en la comarca han mantenido algo más de tiempo las vacas en los pastos de las laderas de La Hoya, Navacarros o Candelario.

Las nieves de estos días ya han pillado a algunas reses fuera de esas fincas. Es el caso de Fernando Neila, ganadero de la localidad cacereña de La Garganta, que arrienda fincas en las laderas de ascenso a La Covatilla y que ya se ha llevado a sus animales a Cáceres.

Por el contrario, Enrique García, de Candelario, mantiene aún en el pueblo algunas de las vacas. “Pienso bajarlas la semana que viene”, asegura. Lo hará en camiones a la finca que tiene en la localidad cacereña de Abadía. No es una trashumancia de largas distancias, ya que esta localidad se encuentra en el norte de Cáceres y linda con Lagunilla, por ejemplo.

Las largas rutas a tierras más cálidas de Cáceres y Badajoz ya no son habituales en la provincia de Salamanca, aunque la comarca de Béjar sí es testigo del paso de decenas de camiones procedentes de las sierras de Ávila con destino a las cálidas dehesas extremeñas.

Las vacas de Enrique García encontrarán que este año hay agua y comida y dejan las fincas de Candelario, donde la nieve y el hielo han comenzado a llegar con el consiguiente problema para dar de comer. No obstante, se mantienen aún algunas ganaderías en las fincas de la sierra salmantina de la comarca de Béjar. Son las vacas de los ganaderos de San Bartolomé de Béjar, que, pese al “apellido”, es un pueblo de la provincia de Ávila. Está muy cercano y vinculado a Salamanca, ya que limita con La Hoya.

Ellos son los ganaderos que estos días suben a las fincas en el entorno de la carretera de La Covatilla para dar de comer a sus animales, que ya pisan la nieve y el hielo.

Algunas de esas ganaderías no bajan tampoco a Extremadura, como la gran mayoría de las explotaciones que quedan en la zona. Hay un trasiego de menor distancia, más entre pueblos de la comarca que las largas rutas de antaño.

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