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Rubén González, en su parcela de pistachos. ARCHIVO
La curiosa historia del profesor salmantino apasionado por los pistachos

La curiosa historia del profesor salmantino apasionado por los pistachos

Rubén González plantó los primeros árboles hace 6 años después de pasar otros tres para el conocimiento del cultivo

Susana Magdaleno

Salamanca

Jueves, 22 de febrero 2024, 19:00

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La opción de plantar pistachos se puso de moda en Salamanca hace unos 14 años y recibió un impulso cuando la Junta de Castilla y León, a través del Instituto Tecnológico Agrario -ITACyL- lo incluyó en 2019 entre los 23 cultivos que consideraba idóneos para la provincia. En la campaña 2022-2023 la superficie plantada de pistachos en Salamanca era de 188,10 hectáreas, en torno a 3 menos que la anterior.

Rubén González, de Éjeme, es uno de los mayores conocedores del cultivo del pistacho en Salamanca. Hace seis años que plantó los primeros árboles, pero antes de dar ese paso dedicó otros 3 a su estudio. Es hijo de agricultor y ahora, en la finca familiar, se encarga de su cuidado. «Se hablaba del boom, pero al final somos cuatro arriesgados los que tenemos», dice.

La razón de que la mayoría de los que se han aventurado tengan el campo como segunda actividad -él es profesor- la tiene muy clara: «Es un cultivo que no produce hasta el sexto o séptimo año en cantidades que digas que merece la pena recoger y un agricultor no puede estar seis años sin encontrar ingresos».

En Castilla-La Mancha, Andalucía o Madrid hay empresas especializadas en el trabajo de pelado y secado del fruto. «A nivel individual no es viable, no seríamos capaces de competir», apunta, de ahí que también se hagan cooperativas de productores.

Del pistacho que ha obtenido le ha sorprendido su calidad y sabor. «Ahora comemos importado, de Irán o California, y la calidad de este es superior», apunta. Rubén tiene ahora 10 hectáreas plantadas, y en tres es la segunda cosecha que recoge pero casi, reconoce, para probarlos y regalarlos a la familia. Sí se muestra convencido, después de su experiencia, de que puede ser una alternativa al cereal. Le ha sorprendido que no es un árbol propenso a enfermedades y su resistencia a heladas. Recomienda orientación al sur para que coja más unidades de calor y frío -«las provincias más al norte tienen más problemas», dice- y también que quien se inicie sea alguien a quien le gusten los frutales.

En cuanto al trabajo que da, mantiene que es sobre todo en la primera etapa, en la de formación del árbol. «Si compras el árbol injertado, pues menos. Si lo tienes que injertar en el campo da más trabajo porque los injertos hay que guiarlos, entutoriarlos». Otro problema son las malas hierbas y en este caso lo que ha hecho Rubén es optar por la cubierta vegetal, en concreto de avena (sirve de tutor) con veza (aporta nitrógeno) que segará luego en mayo. Influye también que su finca está en ladera y con las lluvias se produce corrimiento de tierras. Tiene en proyecto comprar ovejas, unas 10, para empezar con ellas a hacer pastoreo. «Las malas hierbas crecen y tienes que encontrar solución y si con los animales ayudas a crear cabaña, pues mejor».

Si opta por las ovejas es porque es un animal menos agresivo con los árboles que la cabra y porque se ha probado en olivos, en Andalucía, y el resultado fue bueno. «Los agricultores tradicionales nos siguen viendo como aventureros y ven esto como hobby y no creen en general que sea un producto viable», apunta. El tiempo dirá.

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