Borrar
Excelente natural de Miguel Ángel Perera ante la entregada y profunda embestida de Madrileño. ALMEIDA
Perera y Madrileño, bravura efervescente

Perera y Madrileño, bravura efervescente

Pletórico e intratable el diestro extremeño que desoreja a un bravísimo toro de Vellosino premiado con la vuelta al ruedo. Pusieron La Glorieta a revienta calderas en un duelo intenso, brillante y feliz. Diosleguarde firma una presentación de categoría

Javier Lorenzo

Salamanca

Lunes, 11 de septiembre 2023, 00:02

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

La Ficha

  • LA GLORIETA Un cuarto de entrada. Tarde de nubes y claros con agradable temperatura.

  • GANADERÍA 6 toros de Vellosino, con cuajo y seriedad; y mucho lustre. Noble y con calidad el 1º (ovacionado en el arrastre); áspero, correoso y complicado el arduo 2º; a la defensiva el 3º; bravo y poderoso el 4º, Madrileño, que fue premiado con la vuelta al ruedo; nobles y apagados el 5º y el 6º.

  • DIESTROS

  • Miguel Á. Perera. HOJA Y AZABACHE Estocada trasera, tendida, caída y atravesada que remató con un descabello (oreja tras aviso); y pinchazo gran estocada (dos orejas tras aviso).

  • Leo Valadez. CELESTE Y ORO Pinchazo y estocada baja y delantera (silencio); y dos pinchazos y se echa el toro (silencio).

  • M. Diosleguarde. BLANCO Y ORO Estocada delantera y perpendicular y descabello (oreja tras aviso);y no pudo entrar a matar al 6º (vuelta al ruedo).

Madrileño hubiera sacado las vergüenzas a más de uno de los que pululan por las ferias, pero se encontró con Perera. Implacable, poderoso, auténtico. Valiente. Intratable también.E impecable en todo. El encuentro con el cuarto de Vellosino fue una de las cumbres de la temporada. Por la importancia que tuvo todo. Un brillantísimo duelo en el que se repartían las victorias por asaltos. Un ten con ten maravilloso. Una explosión de bravura, de Madrileño y de Perera que estuvo tan bravo como templado. Tan arrogante como dispuesto. El pupilo de Vellosino puso la efervescencia, Perera la calma. Madrileño, la vibración en el torrente de cada embestida porque fue uno de esos toros que hacen saltar a los propios toreros en el asiento cuando están en el tendido, de los que ponen al aficionado en alerta. Con los que casi no da tiempo a pestañear.

Y en esas se fueron dirimiendo las tandas en las que Perera fue ascendiendo peldaños a la cima a la que solo llegan los elegidos. Madrileño no daba tregua. Perera tampoco. En cuanto más exigía el torero con su implacable muleta más se entregaba el toro, al que el ímpetu de cada acometida muchas veces no le dejaba acabar el recorrido por querer comerse la muleta, al mínimo alivio reponía, se defendía y protestaba. No era fácil cogerle la medida. Por eso, a veces faltó la limpieza perfecta en las primeras series, en las que se alternaban muletazos interminables —algunos por la izquierda memorables e infinitos— con otros en los que el toro descubría al coleta o la muleta. Y no se dejaba engañar. Toro con carácter. Como el torero. No había un respiro. Las pulsaciones de ambos en el ruedo estarían a mil; pero ninguno de los dos mostraba esa agitación. Pasado el ecuador Perera cuajó dos series prodigiosas con la mano derecha en las que los pases eran inmensos, mientras Madrileño dejaba surcos como para enterrar una bravura excelsa.

Sin embargo, se tocaba en el ambiente. Se paladeaba. La Glorieta rugió como si rebosara de público. Con todo y con eso, no se agotaba el depósito. No había un respiro. Todo además tuvo la virtud que de la faena de diez tandas se hicieron en apenas un palmo. Detalle mayor. Antes de irse a por la espada, surgió la petición de indulto que no cuajó, que hizo revisar las notas para recordar la suerte de varas. Ángel Rivas había dejado un puyazo en lo alto en el que el toro empujó con fijeza y entrega en un solo encuentro. Las manoletinas no parecían el mejor epílogo para una obra tan cara, tan meritoria, tan contundente, tan prodigiosa, pero las adornó después con varios muletazos por bajo que volvieron a poner las cosas en su sitio. El pinchazo en lo alto pareció una anécdota para la contundencia de la estocada posterior. De la gloria de la vuelta al ruedo al toro no había duda. Salió el pañuelo azul con justicia. Al abreplaza plaza le firmó una faena milimétrica, en la que estuvo perfecto, técnico e inteligente para administrar la despensa y la nobleza exquisita de un buen Vellosino.

La grandeza de Diosleguarde. El milagro de Diosleguarde es verlo en pie, pero va más allá. Hace un año por estas fechas deambulaba entre la vida y la muerte tras la brutal cornada de Cuéllar. Ayer, no solo estaba en pie y vestido de luces, sino que aparecía aplomado y asentado en la arena, con una seguridad asombrosa ante los pitones del Vellosino como si no hubiera pasado nada. Ni una sola mirada atrás a la hoguera del infierno a la que le condenó el Caminante que le partió en dos. Aquello que nadie lo olvide para valorar lo que hizo en su debut como matador de toros en Salamanca. La seguridad, el aplomo, la resolución, la gallardía y la claridad de mente con la que jugó sus cartas. Y cómo les plantó cara a sus oponentes le llevaron a firmar una presentación de categoría. Solo interrumpida por un suceso inédito:tras un arrimón tremendo y sin contemplaciones, valiente y solvente, Inclusero, el sexto, cayó fulminado por un infarto cuando su matador iba a por la espada. Tenía el trofeo en la mano y la gloria de la puerta grande con Perera; pero el desconcierto se adueñó del ambiente. A éste le había puesto lo que no tenía el toro;y al tercero le había bajado los humos con una majestad aplastante. A la defensiva y reticente, Aguilillo, lo engatusó y tiró de él maravillosamente.

Leo Valadez, con el peligroso e incierto segundo, al que le dedicó más tiempo del que merecía, se enredó con el quinto para no decir nada ante una nobleza apagada. El azteca no se sumó a la efervescencia de la función que contó con dos puyazos soberbios, uno de Alberto Sandoval y otro de Ángel Rivas, una completísima labor de Curro Javier y Javier Ambel en la brega y también con los palos, con los que brillaron y expusieron Elías Martín y Víctor Godofredo. Todo resultó una gran fiesta. Un brillante espectáculo con muchos argumentos bajo el triunfo de la bravura en una tarde incandescente.

Miguel ángel perera

10

Alonso Sánchez (Picador)

6

Ángel Rivas (Picador)

8

Curro Javier (Banderillero)

9

Javier Ambel (Banderillero)

8

Vicente Herrera (Banderillero)

6

Leo valadez

4

Tito Sandoval (Picador)

8

Vicente González (Picador)

5

Rafael González (Banderillero)

6

Rafa Rosa (Banderillero)

6

Julio López (Banderillero)

5

Manuel diosleguarde

7

Alberto Sandoval (Picador)

9

Carlos Pérez (Picador)

6

Jesús Talaván (Banderillero)

3

Elías Martín (Banderillero)

7

Victor Godofredo (Banderillero)

8

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios