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El ganadero Manuel Núñez Elvira, en un burladero del callejón de la plaza de toros de La Glorieta durante la pasada Feria. ALMEIDA
Manuel Núñez: «Buscamos el toro con poder para que embista despacio»
Entrevista al ganadero de Vellosino

Manuel Núñez: «Buscamos el toro con poder para que embista despacio»

Recoge este jueves el Toro de Oro en recuerdo de Madrileño, aquel astado de bravura efervescente que puso La Glorieta en pie y salió con los honores de ser el mejor de la Feria

Javier Lorenzo

Salamanca

Miércoles, 29 de noviembre 2023, 16:57

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Arrastra todavía una delicada operación de espalda que le traía a maltraer y de la que aún no se ha olvidado nueve meses después. En una de esas sesiones de recuperación hablamos con Manuel Núñez Elvira, que saborea las mieles del éxito con el recuerdo de una temporada en la que la regularidad de toros buenos fue su principal aval. Y, sobre todo, el recuerdo de un Madrileño lidiado en La Glorieta que le sirvió para dar un golpe encima de la mesa y fulminar los tópicos. Un toro bravo en su más plena expresión. La bravura que casi se toca. La que rápido trepa a los tendidos. Un torrente incontenible que, sin embargo, no se conocía en los 23 años de historia de Vellosino.

La tuvo en la mano Perera, que la manejó como posiblemente nadie del escalafón habría sabido manejar. Fue el toro de la Feria pero también es uno de los toros de la temporada. Como la faena. Con la voz calmada, la pausa y el temple con los que le gustan que embistan sus toros habla el ganadero de Vellosino, que este jueves recoge el Toro de Oro. Tienen en la mente el toro que busca y con él sueña. Analiza la evolución de la bravura en las últimas décadas de una manera fantástica y está obsesionado con el poder y la fortaleza que necesita el toro para embestir no solo con clase y nobleza sino para entregarse y embestir despacio. Esa despaciosidad es una de las claves del toreo. Para interpretarlo el diestro, en esa manida reducción de las embestidas que obsesiona hoy a los toreros de la elite. Y esa despaciosidad es la que buscan también los ganaderos para obrar el milagro de su arte.

La fiereza, la bravura, la casta... la emoción que debe despertar un toro en el ruedo reducido casi de repente al ralentí, una vez que «entra» en la muleta para llegar a ese pasaje efímero y eterno al mismo tiempo del embroque y entregarse hasta el final del muletazo en los vuelos del engaño. Ese misterio que puede ser desconocido para la masa cuando se desvela, y se produce en el ruedo, es capaz de sentirlo en el tendido hasta el público más neófito. En esos desvelos andan en Vellosino, y en tantas y tantas fincas de esos soñadores de la bravura.

¿Qué supone recoger el Toro de Oro?

—Es un privilegio y más en Salamanca. Es un trofeo muy difícil de lograr y más últimamente por el gran nivel ganadero que hay en los últimos años en La Glorieta. El nuestro fue un gran toro y, humildemente, el premio pienso que ha sido merecido. Ha sido el más importante que hemos lidiado esta temporada, el mejor, el más completo, pero también es muy importante en las manos que cayó. En este caso, Perera estuvo fenomenal, apostó e hizo una faena cumbre que quedará en la memoria de muchos y en la historia de mi ganadería.

No solo ese toro, el encierro entero, tuvo una presentación que no todo el mundo esperaba…

—Es una de las más serias y cuajadas que hemos lidiado en Salamanca. A todos nos gusta ir con una presentación lo más impecable posible. En este caso tiramos de los mejores para Salamanca. Es muy bonito ir y que no haya peros de la empresa, del público. Cuando eres ganadero y vas con presiones, se sufre mucho. Bueno, aquí como ganadero se sufre siempre, pero en ocasiones si no vas con los toros que te gustaría, se sufre más y se pasa peor. A nadie le gusta ver una corrida mal presentada, que el público no esté contento. Es triste cuando la gente no sale contenta de la plaza.

En vuestro caso se os acusó mucho de eso…

—Hemos sufrido lo que casi todas las ganaderías que han llegado ahí han sufrido. A todos nos ha pasado. Poco a poco, tienes que irte colocando en un sitio, pero como esto es tan lento y nuestra ganadería tan corta, cuando te equivocas o sale mal no hay tiempo de enmendar o poder enseñar lo que tienes a los quince días o en otra feria. Muchas veces no te da tiempo ni en la misma temporada. Las ganaderías que lidian 10 o 12 corridas de toros, si tienen un problema en una, lo solucionan en la siguiente o en la otra. Es como los toreros, el que torea poco, tiene que estar bien sí o sí el día que lo ponen. En nuestro caso es difícil hacer corridas parejas, tenemos pocos toros y está muy abierta de sangres, tenemos muchos tipos de toros y es difícil igualar en peso, hechuras y caras.

¿Es el Toro de Oro el premio más importante que logró Vellosino en sus 23 años de historia?

—Para mí sí. Además es nuestra plaza y siempre se tiene un afecto muy especial. Es tu tierra y eso marca mucho. Por eso, ver ese animal en La Glorieta, emociona más si cabe.

¿En qué cambió la ganadería desde que llegó a sus manos hasta hoy?

—Digamos que ya casi es un encaste propio. Hemos hecho muchos cruces, refrescado con muchas cosas, tirando de ganaderías desde que la compramos a Manuel San Román. De aquello, solo usamos las vacas, los sementales eran muy viejos y no los echamos. Fuimos sacando sementales de otras. Hemos intentado que evolucione con el momento del toro, y ahí tratamos de buscar uno con duración. Hoy ya no valen los 10 ó 15 muletazos de antes. Han evolucionado en presentación, remate y trapío como en duración de la faena. Se le exige una faena larga, con poder, pero que a la vez embista despacio. Y eso buscamos: el toro que tenga poder para embestir despacio. Así es como más entrega. Eso es lo complicado. Y ahí se crean las grandes faenas, cuando se para el tiempo, si embiste despacio y el muletazo dura. Ha habido una evolución grande de diez años para acá. Hace 25 o 30 años había más clase, pero la alimentación y el deporte no estaba tan controlado y se caían mucho. Se ha dado una gran transformación: se buscó más la movilidad con animales pasadores, sin tanta entrega, para que no se cayeran; así con menos fuerza, aguantaban más la lidia, pero ahí, en esa movilidad, no está la clase ni la entrega. Ahora se habla mucho de reducir la embestida y para eso hace falta la clase pero unida con la fuerza.

¿A partir de ahora se le mirará de otra manera o el trofeo se quedará en una satisfacción personal?

—Es una satisfacción, qué duda cabe. Las ganaderías se basan en la personalidad del ganadero, y ahí no te puedes basar y crear tu criterio en un momento concreto de la plaza. Que un día o una temporada no funcione lo que piensas puede estar vinculado a muchas cosas, si tú tienes personalidad, tienes que aguantar todas las decepciones que llegan en la plaza en busca de lo que piensas. En la plaza casi todo son decepciones, pocas veces se triunfa. Cuando ocurre algo así, es para alegrarte. No sé qué pasará de aquí en adelante...

¿En qué momento se encuentra su ganadería?

—En un momento de toros superclase y con mucha bravura. Cuando salen tan nobles y entregados es porque son bravos. Si los dejas crudos y das distancia van al caballo como cualquiera de las toristas. Nuestras vacas en los tentaderos no le pegamos mucho en el caballo porque se emplean tanto que se acaban. Creemos que la bravura tiene que ser a través de la nobleza. Tenemos gran variedad de sementales y líneas. Es muy brava y para torear muy bien. Por ejemplo, en Guijuelo lidiamos una gran corrida, hubo faenas bellas con toros muy reducidos y embistiendo despacio. Cuando eso pasa el público tiene que ser sensible, esperar y saber ver esa embestida a la que no están acostumbrados. Ahí los periodistas también tenéis la responsabilidad de enseñar. Que la verdad del toreo es capaz de demostrarla toreando despacio, ahí es donde más sufre el torero, por la velocidad despaciosa, cuando se funde el temple del torero y la clase del animal.

Esa es una de las máximas del toreo: el que más despacio torea es quien marca las diferencias. Aunque no se sepa explicar, cuando un espectador lo ve, es capaz de sentirlo.

—Buscar ese toro es el sumun. Tienes el problema de que cuando se emplean tanto se desgastan antes. Buscar el que se entrega a partir de la nobleza pero con esa fuerza es el sueño de cualquier ganadero, yo me sueño con eso, y de vez en cuando sale.

Pero esa fusión de fortaleza y nobleza nada tiene que ver con la bravura efervescente, el poder y el torrente de casta de Madrileño...

—En una ganadería tan abierta como esta, saltan toros de todo tipo. Ese tuvo suerte de caer en manos de Perera porque muchas veces esos toros no se ven. Para ello, hay que conocer la ganadería, y por eso las figuras, a las que tachan de matar siempre lo mismo, es porque se compenetran con esa embestida y conocen bien no solo los toros si no las ganaderías que matan. La conocen y se acoplan más. Hay muchas cosas que van más allá de lo que se ve en la plaza. Ese toro es difícil de ver, de apostar y anticiparte en tu convencimiento para saber lo que puede dar y cómo. También depende de la plaza, si no cae en una de mucha visibilidad o no se le da tanto valor o pasa indiferente. El toro, cuantos más años, más difícil de torear es, más sentido tiene y más saben. Este estaba cerca de los seis años. Y eso subió su dificultad.

¿Qué distingue a Vellosino del resto?

—Un toro bueno lo es independientemente de la ganadería que sea. Nosotros buscamos el toro que embista despacio pero que tenga poder, como casi todos, prueba es que cada vez salen más. El ejemplo de Sevilla fue tremendo, con toros importante casi a diario; en Salamanca, igual.

¿Y cuáles vio este año de otras ganaderías que le hubieran gustado que llevaran su hierro?

—Me encantó el de Matilla de Sevilla que se llevó los premios, otro de El Parralejo al que desorejó Luque, Garcigrande lidió uno sensacional en San Isidro; el de Domingo Hernández del rabo de Morante Sevilla tuvo una profundidad tremenda.

Madrileño puso a La Glorieta en pie...

—Recuerdo que salió con mucha intensidad y era muy caliente, remataba mucho en burladeros, nada más salir a la plaza lo tocaron muy de largo, y respondía muy fuerte, y luego a la otra punta de la plaza, y otra vez. En esos derrotes se partió un poco los pitones y pensé que, con tanta energía e ímpetu, no iba a llegar a la muleta con vida para embestir. Por eso el mérito de Perera, de irlo cuidando y consintiéndole, de llevarlo para adelante. A veces de la codicia que tenía se quedaba corto, él le echaba la muleta siempre al morro y tiraba de él con la mano baja. Pedía que le obligara, tenía mucha profundidad, prontitud, entrega.

¿Es el mejor toro que lidiaron en su historia?

—Sí puede ser. Es de las mejores faenas, de las más rotundas y redondas que han hecho a un toro de Vellosino. A lo mejor ha habido otros de mucho ritmo, de embestir más despacio, pero este ha sido mucha espectacularidad.

Díga otros tres que no olvidará de otros años…

—Me encantó un toro, dos, que lidiamos en Logroño, uno al que desorejó El Juli, que embistió muy despacio, casi como uno sueña, pero claro, no tenía esa transmisión de Madrileño; y otro de Morante, que también lo hizo al ralentí, ese toro permite relajación al torero aunque le pide otros registros. Hubo otro el año pasado en San Sebastián de los Reyes que toreó Uceda Leal que se acercó a esa perfección. Fue sensacional. En Madrileño no había relajación posible, era de apretar y imponerse;por eso como espectacular, el más de todos. No hemos lidiado otro como él.

¿Qué balance hace de la temporada 2023?

—Estamos contentos. Han salido toros buenos, aunque hay cosas que nos gustaría fueran de otra manera, pero esto es tan difícil. No teníamos corrida completa para lidiar en Madrid, en julio lidiamos solo tres toros, no salió mal pero tampoco fue para tirar cohetes. La de Guijuelo fue muy completa, en Salamanca muy quedamos muy satisfechos; en Béjar saltaron dos sensacionales. En conjunto ha sido de una gran regularidad de toros buenos. Lo mejor es que han salido pocos malos, que casi es lo más importante.

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