01 octubre 2022
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Una comerciante sobre las nuevas medidas de ahorro energético: “El Gobierno nos quiere confinar en casa”

La caótica gestión de la medida energética con el aire acondicionado y los letreros provoca indignación en los pequeños comerciantes que ya fueron los principales afectados por las restricciones de la pandemia

07 ago 2022 / 17:27 H.
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El desconcierto reina entre los comerciantes. Días después de aprobarse las medidas de ahorro energético en forma de decreto ley, la indignación se ve a simple vista. Es la conversación recurrente entre empleados y clientes centrada en tres temas: el aire acondicionado, el cierre de puertas y el apagado de la iluminación de los escaparates. La mayoría opina que la medida será de difícil cumplimiento sobre el control de la temperatura y opina que se vuelve a cargar de nuevo sobre los autónomos el peso más fuerte de las medidas.

Carmen Jiménez

“Pagamos locales que son carísimos para que se nos vea y ahora nos mandan apagar la luz”

Carmen Jiménez trata de acostumbrarse a los 27 grados que marca el aire acondicionado en las instalaciones de la inmobiliaria en la que trabaja en plena calle Zamora. “Aquí no tenemos las corrientes que existen en un piso y a las cristaleras les da el sol directo todo el día. Tratamos de abrir la puerta en las primeras horas del día y después ya lo ponemos”. Sin embargo, no es lo que más les preocupa. Su inmobiliaria hizo una inversión importante para adaptar toda la iluminación a led precisamente para conseguir un ahorro energético, tanto para el medio ambiente como para la economía. No ha sido suficiente. En la trastienda tienen un reloj que programa el apagado de la iluminación del escaparate a las 00:00, dos horas después de lo que marca el decreto. “Pagamos locales que son carísimos por estar en una zona VIP y que se nos vea a través de los escaparates porque pasa muchísima gente. No tiene sentido apagar a las diez cuando es a la hora que sale la gente a pasear en verano. Nuestra prioridad es la luz y que se nos vea”.

Susana Delgado

“El calor a 27º es horrible. No quieren que la gente salga a comprar ni a comer fuera de casa”

Susana Delgado acaba de rematar la pintura de un espacio de su tienda de ropa de dos plantas. Desconoce a cuánto tiene puesta la temperatura del aire acondicionado y trata de cerrar la puerta con sentido común cuando lo enciende. Normas que, a su juicio, se salta el Gobierno al implantar estas medidas. “El calor a 27 grados es horrible. ¿Quién se va a probar ropa tranquilamente a esta temperatura?”, señala cuando el termómetro marca 35 grados en el exterior. Para esta empresaria, todas las medidas van dirigidas a “atacar al autónomo”. “Nos quieren volver a confinar y encerrarnos en casa. No quieren que la gente salga a comprar, ni a comer fuera de casa. Que todo se haga telemáticamente. ¿Qué alegría van a tener las calles sin escaparates encendidos? Nos tienen contra las cuerdas y nos van a obligar a hacer el pino y no vamos a reaccionar. Todo es una vergüenza”.

Cristina García

“¿Va a venir un inspector a controlar si apago o enciendo el aire? Es una medida ridícula”

Cristina García es una empleada en una tienda de ropa y reconoce que la mayor parte del tiempo tiene abiertas las puertas. En el momento que se carga el ambiente, enciende el aire acondicionado hasta que se aclimata el local. “¿Va a venir un inspector a controlar si apago o enciendo el aire acondicionado? ¿Cómo va a saber que lo he tenido encendido hace dos minutos a 20 o a 15 grados?”, se pregunta sobre una medida que califica de “ridícula”. “Me pone de muy mala leche que no se aplique el sentido común al ahorro energético”, reflexiona sobre una situación que, a su juicio, no se resuelve con un grado menos de temperatura. “Quieren que los autónomos salvemos el planeta”, bromea y reconoce que el mayor problema se va a vivir con los 19 grados de la calefacción en invierno.

Angel Moro

“Ya he cambiado de tipo de peces por la energía. El aire acondicionado para mí sería un lujo”

El impacto de la energía ha llegado a todo tipo de negocios, pero sobre todo a aquellos que tienen la necesidad de estar conectados permanentemente a la red eléctrica. Es lo que ocurre con Ángel Moro, propietario de un acuario que ha tenido incluso que modificar el tipo de peces que ponía a la venta, para que la mayoría fueran con agua fría. “Consumiendo mucha menos luz, pago el doble. He tenido que pasar muchos peces a frío porque era inasumible. Dejo abierta la puerta porque el aire acondicionado ahora mismo no me lo puedo ni permitir”, argumenta.

Mª Ángeles Fernández

“Quieren condenar las calles a la oscuridad. Todo es más triste si no existe la luz”.

María Ángeles Fernández tiene una pequeña tienda en el centro de la ciudad y no entiende sobre todo las medidas de iluminación, independientemente de su negocio. “Las farolas en esta zona —entorno de la iglesia de San Juan de Sahagún— no dan suficiente luz y parece que se quieren condenar a las calles a la oscuridad. Todo es más triste sin luz”.

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