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El equipo interurbano de telefonistas.
Las nueve chicas del cable de Salamanca: las voces más conocidas a principios del S. XX

Las nueve chicas del cable de Salamanca: las voces más conocidas a principios del S. XX

Había 690 abonados atendidos por seis telefonistas en plantilla y tres suplentes

Martes, 2 de julio 2024, 17:54

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-Señorita, por favor, ¿podría ponerme con el número 64?

Si en los primeros años veinte un salmantino descolgaba un teléfono y decía esta frase, una amable señorita, al otro lado del cable, le pondría con la Redacción de LA GACETA.

Pero esta rutina se iba a acabar el 30 de noviembre de 1929. No es que las chicas del cable se fueran a quedar sin trabajo, pero ese día la Compañía Telefónica Nacional de España inauguró su nueva central en la plaza de los Bandos y puso en funcionamiento el teléfono automático, de tal forma que marcando el número 64 en el disco del aparato sería suficiente para ponerse en contacto con el director gerente del periódico de la época, Nicolás García Carrasco. Las señoritas telefonistas quedarían para atender reclamaciones, ofrecer información de la compañía, para las conferencias interurbanas e internacionales y para otros servicios de la compañía.

Esta automatización suponía una gran revolución en las comunicaciones, de tal forma que Telefónica tuvo que poner un gran anuncio en el periódico en el que explicaba a los abonados el funcionamiento del nuevo teléfono.

En primer lugar, había que consultar la Guía Telefónica oficial de la Compañía para saber el número de teléfono que se quería marcar. A continuación, había que descolgar el microteléfono y escuchar hasta oír la señal para marcar, que se distinguía por un zumbido continuo, lo cual equivalía a la palabra «número» que las operadoras del servicio manual contestaban cuando llamaba el abonado. Después, había que marcar, por medio del disco automático, el número con el que se deseaba comunicar introduciendo el dedo en el agujero correspondiente a la primera cifra del número y haciendo girar el disco hasta que el dedo tropiece con el tope de parada y soltándolo después. La acción había que repetirla para cada una de las cifras restantes. Tras marcar todo el número, había que esperar a escuchar unos zumbidos intermitentes y poco frecuentes, unos sonidos que equivalían a cuando la operadora decía «estoy llamando». Y entonces se esperaba a que la voz del abonado al que se llamaba apareciese al otro lado del hilo telefónico. Toda una revolución, que en estos momentos nos podía resultar irrisoria.

A partir de las 7 de la tarde de aquel día, el servicio telefónico automático comenzó a funcionar en Salamanca, un hecho que el alcalde de la época, Eulalio Escudero, calificó en el acto de inauguración «que impondrá inevitablemente el desarrollo agrícola, comercial y ganadero de esta capital».

Pero el teléfono había llegado mucho antes a Salamanca. Al parecer, fue Anselmo Pérez Moneo quien en 1884 adquirió uno de los primeros aparatos para comunicar su casa con su taller. Se trataba de una línea interna de uso particular. Líneas de este tipo fueron extendiéndose en negocios y también entre instituciones. La implantación y explotación de redes que permitirían la comunicación entre los abonados locales llegó años más tarde a Salamanca, en concreto en 1895. La central se instaló en un local de la Plaza Mayor y la concesión para su administración quedó en manos de Modesto Ciller Miñano, un levantino propietario de la tienda de ultramarinos «La Equitativa».

La concesión pasó por diversas manos durante los primeros años del siglo XX. En concreto, en 1922, Segundo Herrero era el concesionario. LA GACETA publicó un reportaje el 26 de septiembre de ese año, en el que reflejaba cómo era la central urbana en aquella época, cuyas dependencias se encontraban en el número 2 de la calle Doctor Riesco. Por aquel entonces había en Salamanca 690 abonados atendidos por seis telefonistas en plantilla y tres suplentes. Se llamaban Teresa Martín, Rosario Pérez, Aurora Martín, Petra Barcala, Juliana Mulas, Isabel Martín, Remedios Álvarez, Natividad Morales e Isidra Sánchez. Las voces de estas chicas del cable eran, sin lugar a dudas, unas de las más conocidas de Salamanca.

Pero la dictadura del general Primo de Rivera acabó con las concesiones en 1924 y un año más tarde la Compañía Telefónica Nacional de España se haría con el monopolio del servicio en Salamanca.

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