16 agosto 2022
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Mili Vizcaíno: “Salamanca fue la bomba para mí; me hice amiga de muchos artistas”

La cantante actúa el 22 de abril en el Liceo junto al pianista Fernando Viñals y Javier Colina al contrabajo

16 abr 2022 / 16:27 H.
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Mili Vizcaíno (Villanueva de la Serena, Badajoz) actúa en el Liceo de Salamanca el 22 de abril junto al pianista Fernando Viñals y Javier Colina al contrabajo. La artista vive ahora a caballo entre Portugal y España, entre Lisboa y Badajoz.

–El concierto del Liceo ¿va a ser intimista?

–Es un repertorio al que le tenemos cariño, con canciones que para nosotros son perlitas. Y vamos a crear diferentes ambientes con el piano, el contrabajo y la voz. También habrá espacio para la improvisación, aunque no va a ser un concierto de jazz puro.

–A Mili Vizcaíno le atrapó la música de niña, cuando su hermana Mayte tocaba el piano.

–Mi hermana entró en el conservatorio y mis padres le compraron un piano de segunda mano. Ella tocaba fenomenal. Ahora lo ha dejado y me da una pena... Yo la escuchaba y me gustaba muchísimo. Y me recuerdo cantando desde que era muy chiquitita. Con ocho años, me metí en un coro. Siempre he estado ligado a la música. También me metí a estudiar piano clásico en el conservatorio y entré en una escolanía.

–Salamanca forma parte de su biografía. Vino a estudiar Historia del Arte.

–Dos de mis hermanas ya estaban estudiando en Salamanca, una en Farmacia y otra en Bellas Artes. No acabé Historia del Arte, aunque seguí estudiando otras materias en la universidad.

–También iba a estudiar jazz a Peñaranda, a la Fundación Sánchez Ruipérez.

–Yo cantaba jazz a lo salvaje, sin ningún tipo de referencias, y me vino muy bien aprender en aquella escuela. Es algo que recuerdo muchísimo. Estuve con José María Carlés, que es un músico excepcional y una persona maravillosa. También estaba Michel Núñez como director. Tenían una big band, había clases de instrumentos, de combo... por un precio simbólico. Iba con mi amiga Ana Fernández, que tocaba la guitarra, y para mí fue un descubrimiento.

–Ha completado estudios de Jazz en Évora.

–Hice la licenciatura de Jazz en Évora y el Máster de Jazz en Lisboa con María João. Después hice un Máster en Educación Musical Infantil y ahora estoy cursando un doctorado en Musicología sobre ecología y música.

–En Salamanca vendió entradas para conciertos de jazz.

–Fernando Saldaña, que era amigo mío, tenía un monólogo en el Café El Corrillo. Y un día Norberto, el dueño, dijo: “Ostras. No tengo a nadie en la puerta; he dejado entrar a todo el mundo. Chica, ¿no te importa pasar la bandeja para cobrar?”. Y luego me ofreció trabajar allí. Para mí en aquella época solo existía el jazz. Trabajaba los jueves y los viernes allí: escuchaba todos los conciertos de jazz, repartía las octavillas, ponía carteles... y lo hacía de mil amores porque yo quería que el jazz se conociera más. Venían unos monstruos increíbles del jazz, aunque no llenaban la sala. Y me tomé como algo personal llenarla.

–¿Cómo conoció a Fernando Saldaña?

–Cuando llegué a Salamanca tocaba la guitarra y hacía pop. Un amigo me dijo que había un bar donde hacían conciertos, el Gaia, que ya no existe, y añadió: “¿Por qué no vas para allá y preguntas a ver si puedes tocar?”. Y fue impresionante. Desde aquel momento me vinculé a ese bar porque hacían jazz-session, conciertos, recitales de poesía, monólogos, fiestas para proteger a la naturaleza y otro montón de causas diferentes. En aquel bar que estaba tan unido a la cultura conocí a Saldaña.

–Estuvo también en la Big Band de la Universidad. ¡No paraba en casa!

–No paraba ni de coña. Para mí Salamanca, donde viví siete años, fue la bomba: por la mañana estaba en la Universidad, por la tarde daba mis vueltas, por la noche cantaba en los bares... Había muchos cuentacuentos, que a mí me encantaban e iba a escucharlos muy frecuentemente. Me hice amiga de muchos artistas y empecé a acompañar cantando, con el piano y la guitarra a muchos poetas como Raúl Vacas.

–Pero dejó la Universidad.

–Me puse a trabajar de técnico de luces en el Teatro Liceo. Así que cantar en el Liceo es para mí una gran emoción. Cuando tenía 20 años estuve en una orquesta de verbenas: tenía que cantar cinco horas, montar, desmontar, cargar el camión. Yo me ponía mi mono de mecánico (que era de mi padre, de la Telefónica), mis botas y mis guantes. Después me vestía de cantante. Curiosamente, le cogí el gusto a montar las luces. A mí las luces me chiflaron y me encandilé con ellas.

–¿Cómo acabó de técnico de luces en el Liceo?

–Un tiempo después, cuando yo no tenía trabajo, creo que le di pena a Saldaña y me llevó de gira con él por Castilla y León como técnico de sonido y luces: tenía tres interruptores: luz azul, luz amarilla... y le lanzaba pistas de audio. Y en el 2002 cuando estaba yo en un bar poniendo luces y sonido a Saldaña, una cosa muy básica, fueron casualmente dos técnicos que estaban superpreocupados porque no encontraban a nadie para hacer las luces en el Liceo. Necesitaban una persona más, pero no la encontraban.

Me metí en aquello y fue una experiencia increíble para mí: vi muchísima ópera, teatro, danza contemporánea... Cantaba todos los días en el Liceo mientras montaba los focos. Y a veces iba a trabajar al CAEM y a los espectáculos de calle en la Plaza Mayor.

Me encantaba llevar los cañones de luz y me subía a la torre para manejarlos... con un frío. Pero lo recuerdo como una experiencia que siempre voy a agradecer: fue un aprendizaje inmenso para ver el escenario no solo desde la perspectiva del artista.

–¿Cómo llego a ser corista de Miguel Bosé en “Papito Tour”?

– A través de un conocido. Entonces yo trabajaba como técnico de luces en el Teatro Real de Madrid y me llamaron para ver si quería hacer el casting para Miguel Bosé. Grabaron la voz de tres chicas, incluida la mía, las escucharon a ciegas y dijeron todos: “Esa”. Y entré yo. Estuve dos años y medio en la gira de “Papito” con la corista de toda la vida, Helen de Quiroga.

–Fueron 220 conciertos.

–Dos años y medio. Fue muy intenso. Pero pasas mucho tiempo fuera de tu casa. Ni siquiera podía estar con mi perra. Tuve que dejarla en Salamanca con unos amigos y me la cuidaron durante dos años. La gira fue una experiencia maravillosa y estoy agradecida por la oportunidad de visitar tantos lugares y acompañar a tantos artistas. No solo a Miguel Bosé. Cuando íbamos a México y EEUU venían Alejandro Sanz, Paulina Rubio, Ricky Martin, Noa... todos los que habían participado en el disco. La única que no llegó a actuar con nosotros fue Shakira.

–¿Qué tal con Bosé?

–Tuvimos contacto durante la gira y muy buen rollo; pero él mantiene las distancias, lo que es normal. A Miguel le tengo mucho cariño.

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