06 agosto 2020
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Luis Javier González, gerente de Atención Primaria de Salamanca: “Si hubiera una segunda ola ahora no tendríamos fuerza para combatirla”

“Espero que el verano nos permita recargar las pilas porque estamos agotados física y psicológicamente como para afrontar un rebrote”, explica, que defiende implantar la atención a la demanda: “Un médico no puede perder dos horas en la carretera para ir a un pueblo y que no haya pacientes”

05 jul 2020 / 18:28 H.

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Salamanca, ejerció como técnico de salud en las gerencias de Primaria de Zamora y Salamanca, hasta que en 2014 fue nombrado coordinador del Centro de Especialidades de Ciudad Rodrigo. Desde 2016 ocupa la Gerencia de Atención Primaria. Afirma que es ahora cuando empieza a ver los frutos del trabajo. Confiesa que los recuerdos del mes de marzo los ve “en blanco y negro” y que aún teme recibir una llamada informando de un brote en la provincia.

–¿Cuál es la principal lección que ha aprendido de esta crisis?

–Pues que todos estamos expuestos a una situación que, posiblemente, no controlamos y que un virus nos ha puesto en nuestro sitio en muchos aspectos. Nos hemos dado cuenta de que no hay clases, razas ni categorías. Somos muy vulnerables y no estamos tan bien como queríamos pensar. Tenemos puntos débiles en todos los ámbitos y hay muchas cosas que son mejorables. Confío en que aprendamos y no volvamos a bajar la guardia. Lo bueno es que nos ha unido para luchar por una causa común, pero la lección es nuestra fragilidad.

–Con sus sombras y luces, ¿cómo valora el papel que ha jugado la Primaria de Salamanca?

–No soy el más indicado, pero a nivel de Castilla y León creo que ha funcionado muy bien pese a los altos niveles de incidencia que hemos tenido. El trabajo ha sido bueno, vivimos situaciones muy difíciles y la gestión del Gobierno regional ha sido buena. Han apostado por ser cautos y ese ha sido uno de los logros.

–Habla usted de situaciones difíciles. ¿Cómo ha sobrellevado la muerte de los médicos de La Fuente y Linares?

–Es algo que aún me pone los pelos de punta. El 24 de marzo y el 7 de abril fueron días horribles. He llorado mucho porque con Isabel trabajé en Guijuelo y era muy buena compañera. Fernando era tan entrañable... Todavía me emociono al recordarlo. Han dado literalmente la vida por los demás. Es muy duro y es muy injusto.

–Se dijo que la doctora Isabel estuvo esperando por un test que nunca llegó.

–Eso no es así. Isabel empezó con clínica estando de libranza de guardia. Empeoró y el sábado estaba peor. Su coordinadora de La Fuente y la enfermera la llamaron para ir al Hospital. La fueron a buscar a su casa y ella insistía en que se encontraba algo mejor y no quería ir. Resultó que a través de un correo interno recibimos cerca de 1.000 correos al día porque los teléfonos estaban saturados y nos escribían por allí. Revisándolos vimos que Isabel nos había escrito por ese correo solo para informar de que tenía síntomas de fiebre y tos. El lunes volvieron a ir a verla, pero no quiso ir al Hospital porque decía que llevaba varios días sin tos ni fiebre. El martes la encontraron fallecida en la cocina. Se dijo que no le quisimos hacer el test porque no había médicos y en absoluto fue así. No sé por qué no quiso ir al Hospital. No lo sé. Lo cierto es que los sanitarios somos los peores pacientes porque o nos quedamos cortos, o nos pasamos. Quizás no queremos entender que tenemos la infección, pensamos que se nos va a pasar y...

–¿Se ha incorporado en algún momento a trabajar sanitarios con síntomas por la falta de personal?

–No, eso estaba prohibidísimo. Además, aunque pueda ser duro decirlo, en Salamanca no tenemos tanta falta de médicos. Lo que hay que hacer es distribuirlos bien. No podemos contar con un médico para 200 personas y tener actividad asistencial solo la mitad de la mañana. Tampoco puede ser que pierdas dos horas para ir en coche a los sitios y llegar allí y no ver a nadie. Con lo que hay en Salamanca podemos perfectamente asumir el trabajo, pero hay que reordenarlo para que uno no tenga 200 tarjetas de cupo y otro 1.800.

–Ahora se le hace el test a todo el que tenga síntomas y a contactos estrechos, pero los primeros meses ni con síntomas claros se hacían.

–Sí. En algún momento tuvimos problemas de reactivos en el Hospital. Cuando ya aparecieron, el problema fueron los hisopos con los que tomábamos las muestras. Pedíamos 200 al día y tuvimos un fin de semana que hubo que suspender la actividad porque no había y la gente nos seguía llamando. Además, inicialmente existían unos criterios del Ministerio que marcaban a quién se le tenía que hacer y te decían que tenía que ser gente que viniera de China, luego se añadió Italia... Creo que ahora nos saltaríamos esos criterios.

–Entre los 4.400 contagios confirmados en Salamanca y los 12.500 registrados en Medora, ¿qué cifra es más próxima a la realidad?

–Puede ser un término medio. En Medora entran las neumonías, los sospechosos y los confirmados. No te sabría decir, pero ahora sí siento que estamos bastante bien mientras que cuando pienso en marzo lo recuerdo como en blanco y negro. Si me hubieran preguntado entonces habría dicho que estaba toda Salamanca contagiada.

–¿Se rechazó tratar a ancianos de residencias?

–Nunca se ha rechazado a nadie y nos molesta muchísimo que se diga. Otra cosa es que se valore globalmente si alguien se beneficiaría de ir a un Hospital. Se piensan que ir al Hospital es salvarse pero existen muchas infecciones y hay un importante porcentaje de personas que entran en la UCI y fallecen por motivos diferentes a los que ingresaron. Nosotros hemos medicalizado muchas residencias y hemos logrado tratarles sin cambiarles de ambiente y protegerles de otras enfermedades. Creo que Servicios Sociales ha abierto caminos que no conocíamos y hemos trabajado muy bien con ellos, aunque la situación nunca fue fácil porque también los sanitarios de esos centros se daban de baja... y ahí quedaban los ancianos con clínica. Las residencias han sido la peor parte.

–¿Se han tomado medidas para evitarlo?

–Las residencias reúnen muchos requisitos para que haya brotes porque hacen actividades comunes y lo que se busca ahora es garantizar que haya material, aunque al ser centros privados depende de que su empresa les dote de material. La previsión es que habría material garantizado para todo un mes. Los centros de salud tienen esos recursos. En las residencias estamos formando al personal para las tomas de PCR. Les damos los hisopos y ellos han comprado los recipientes para el traslado. Estamos muy coordinados y con línea directa abierta cada vez que haya un caso.

–¿Estarían preparados para controlar una segunda ola?

–Si tuviéramos otro brote ahora no podríamos porque estamos agotados. Espero que el verano nos respete para recargar las pilas. Ahora mismo no podríamos ni física ni psicológicamente. Hablas con compañeros y casi se te echan a llorar al sacar el tema. Han visto a sus compañeros boca abajo y ahogándose, han visto a pacientes jóvenes que ingresan y al día siguiente al ver la placa ya eran candidatos a morir. Hemos tenido sensaciones de que esto fuera una guerra y yo aún sigo teniendo pesadillas que me hacen despertar fatal. La calma es tensa y todavía estoy esperando ese momento en el que suene el móvil y me digan que hay un brote con 40 casos.

–¿Contamos con suficientes rastreadores para controlar esos posibles brotes?

–Están funcionando fenomenal y es uno de nuestros puntos fuertes: dedicar gente específica a COVID, a COVID residencias y a seguimientos. En cuanto hay un brote, en 24 horas se hacen las tomas y se rastrean. Nuestro grupo de enfermeras es excepcional.

–¿Han tenido que acudir al juzgado o a la Guardia Civil para tomar medidas en alguna zona que se niega a aislarse, como sucedió en Miranda?

–Nos han llamado muchos alcaldes para pedir que miráramos un poco más a ciertas personas conflictivas que presumían de ser positivos y estar tosiendo por el bar y las calles. Les hacíamos seguimiento y la mayoría no eran ni positivos. Hemos tenido algunos casos así. En Salamanca, por ejemplo, hubo un edificio en Garrido algo problemático. Hay que tener en cuenta también los temas económicos y sociales, que van a venir ahora. La sanidad no es solo estar enfermos, sino también el aspecto psicosocial y biosocial. Ahora estamos viendo casos de ‘síndrome de la caverna’, de gente que se ha encerrado, se ha adaptado y ahora ya no quiere salir. Si valoráramos solo el aspecto sanitario seguiríamos todavía confinados y encantados de que no haya contagios, pero se han dado los pasos que había que dar para cuidar de la economía. Quiero recalcar que la sanidad empieza por las personas. Ya podemos tener muchas ucis y camas, que como la gente no tenga autocontrol será inasumible. Está en nosotros: mascarillas, distancia e higiene de manos. Repito, una segunda oleada de este tamaño no la aguantamos ni sanitaria, ni económicamente.

–¿Van a necesitar realizar muchas contrataciones?

–Creo que estamos bien, pero es cierto que si luego hay bajas... Tuvimos a 97 personas de enfermería y a 85 médicos coincidiendo a la vez de baja en el peor momento. Es un tercio de la plantilla de ambas categorías.

–La campaña de la gripe este año será clave para no sufrir dos epidemias a la vez. ¿Se puede iniciar antes?

–La vacuna de la gripe pierde eficacia con el tiempo. Si vacunamos antes es para que nos vacunemos todos y nos dé tiempo, pero a lo mejor el que se vacune en octubre no llega del todo inmunizado a los picos de después de Navidad. Nos lo tendrá que decir Epidemiología, pero debemos intentar que no coincidan los dos picos: gripe y coronavirus. Si tenemos una clínica de gripe y resulta que el test de coronavirus da falso negativo, pues nos vemos en casa confinados todos.

–Pero si no se vacunan ni los sanitarios...

–En Primaria estamos un pelín mejor, pero sí es cierto que la cobertura debería ser más alta. En USA no te dejan entrar en un centro sanitario a un profesional que no tenga su tarjeta de vacunación al día. Eso debería pasar también aquí y más en esta situación.