06 diciembre 2019
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Los soldados novatos pero ‘sobradamente’ formados que llegan a Matacán

Entrar en el Ejército del Aire y conseguir una de las escasas plazas de la Base de Matacán requiere de una nota excelente en las pruebas de acceso. Los soldados recién llegados destacan por su formación universitaria y vocación

13 nov 2019 / 11:31 H.

Cincuenta y cuatro jóvenes salmantinos lograron una plaza en las Fuerzas Armadas en el segundo ciclo de Tropa y Marinería que ofertó Defensa este 2019. No es fácil acceder a una plaza y menos en tu provincia. Dieciséis de estos jóvenes han pasado ya a formar parte del Regimiento de Ingenieros y otros cuatro en la Base Aérea de Matacán, un destino que oferta plazas limitadas, que sumado a que es del Ejército del Aire requiere de un esfuerzo extra y la mejor nota.

Raquel Pascua Vicente (área de Hostelería), Juan Carlos Hernández Matías (Mantenimiento de aeronaves), Pablo Martín García (Administración) y Daniel Caminero Lozano (Combustibles) son los cuatro salmantinos con un destacado currículum que desde mayo lucen con orgullo el uniforme azul como soldados del Ejército del Aire, y además en su provincia.

Estudiante de Ingeniería Industrial en el campus de la Universidad de Salamanca en Béjar, Juan Carlos Hernández, de 29 años, compagina sus estudios y proyecto fin de carrera con su nuevo trabajo como mecánico de aviones militares. Aficionado a la aeronáutica con vocación por el Ejército del Aire desde su infancia, este joven disfruta aprendiendo cada día en su nuevo empleo. Los estudios de ingeniería le sirven para entender planos, órdenes técnicas y diagramas del avión. “Pensé que los soldados de mantenimiento barrían los hangares y no es así. Llevamos medio año y no he dejado de aprender. Hay mucha gente con mucha experiencia”, cuenta Hernández, que trabaja como auxiliar mecánico en uno de los equipos que se encarga de las reparaciones y revisiones periódicas de los aviones. “Me gusta mucho Matacán y he acertado con la elección”, subraya este soldado que se preparó la prueba de acceso a las Fuerzas Armadas en plena época de exámenes de la carrera. “Ha merecido la pena el esfuerzo y me gustaría ascender”, revela.

Es el mismo objetivo que se plantea Raquel Pascua, de 27 años, para llegar a puestos de seguridad e inteligencia. Esta salmantina, con familia en la Guardia Civil y formada en Dirección y Gestión de Seguridad y Detective Privado, entró con 21 años en el Ejército de Tierra, en Infantería Ligera en Vitoria. “Me gustaba más el Ejército del Aire porque hay más especialidades frente a Tierra que es más polivalente. Entrar en Matacán es muy complicado y he tenido mucha suerte. No es tan fácil como entrar en Tierra”, cuenta la soldado que se encarga de labores de Hostelería. “Para mí entrar en el Ejército me sirvió para madurar y para valorar el compañerismo. Hacemos una labor muy buena que mucha gente desconoce”, reivindica.

“Nos ven desfilando pero aquí hay trabajo y mucha miga”, agrega su compañero Pablo Martín, nuevo soldado de 26 años que se ha incorporado al área de Administración de la Base. Estudiante a distancia de un Grado Superior de Administración y Finanzas, Pablo Martín confiesa que siempre tuvo “vocación de servicio”. “Me gusta mucho el Ejército. Estuve en la Armada desde bien joven. Era artillero en Ferrol y estuve 4 meses navegando en la costa de África, pero no me convencía tanto, quería un trabajo más especializado. Por eso ha sido una suerte recalar en Salamanca y en el Ejército del Aire”, asegura el soldado para quien su trabajo diario de documentación de personal y gestión de documentación se convierte en la mejor práctica para sus estudios universitarios.

Son los nuevos soldados del siglo XXI, sobradamente preparados y con una fuerte vocación.

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