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Un comerciante de Salamanca regula el aire acondicionado de su tienda. ALMEIDA
Los hosteleros y comerciantes, indignados: “Con 27 grados no entra ni Dios”

Los hosteleros y comerciantes, indignados: “Con 27 grados no entra ni Dios”

Trabajadores salmantinos coinciden al afirmar que la temperatura de sus negocios es “la que demandan sus clientes”

Martes, 2 de agosto 2022, 20:20

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Un recorrido por una docena de establecimientos del centro de la ciudad y todos con la misma temperatura en su interior: entre 20 y 22 grados. Muchos de ellos ya estaban informados de las intenciones de Pedro Sánchez y los que no sabían las últimas noticias se echaban las manos a la cabeza al conocerlas. Comerciantes de la ciudad de Salamanca muestran su rotunda indignación con la decisión del Gobierno, coincidiendo todos ellos en que las medidas de ahorro energético podían dañar su bien más preciado: su clientela. “Con 27 grados no entra ni Dios y con 19 en invierno se pelan de frío. ¿Qué quieren que la gente esté con el abrigo? No tiene ningún tipo de sentido”, comentaba el empresario Andrés Martín.

Como él, todos afirman que la temperatura que tienen puestos en sus negocios es “la que demandan sus clientes”, pues su principal objetivo es “buscar su bienestar”. “Si les perdemos a ellos lo mismo el que no está mañana aquí soy yo”, lamentaba un trabajador de la calle Concejo, quien prefiere no revelar su nombre.

“¿Y qué van a hacer? ¿Ordenar todos los días una inspección para ver a cuánto tenemos el aire? Son chorradas”

Aunque en un principio se había dejado entrever en las informaciones previas que los bares y restaurantes estarían afectados por la medida, en la rueda de prensa de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, no se habló expresamente de este tipo de negocios. Tan solo se hizo alusión a grandes establecimientos hosteleros. El Decreto, aún no publicado, especificará los sectores afectados. “Cuando el local lleva ocho horas cerrado, entre las máquinas y demás, hace un calor bestial y si lo ponemos a 27 grados no se enfría. La prueba está en que a mí se me estropeó el sistema unos días en junio y bajaron los clientes”, apostilla Andrés Martín. Pero además, como apunta la trabajadora de una óptica salmantina, el hecho de que los clientes entren y salgan del local hace que la temperatura aumente dos o tres grados más. “Si nosotros somos los primeros en mantener las puertas cerradas si ponemos el aire, tanto frío como caliente. Somos los primeros interesados en ahorrar porque no estamos para tirar el dinero”, añade Luis Alberto Rivas. Sin embargo, otros responsables aseguran tener a menudo la puerta abierta porque parece que así se invita a los clientes a pasar. “Aquí la gente entra, compra y sale pero imagínate en una heladería. Cinco minutos sentado a 27 grados... Directamente se te derrite”, lamenta el dueño de una tienda de la Rúa Mayor.

Lo cierto es que todos están de acuerdo a la hora de afirmar que en lo que debería “ponerse a trabajar el Gobierno” es en reducir el precio de la energía. “Yo pago el doble de luz ahora que antes de pandemia”, lamenta el comerciante Delfino Gómez.

En definitiva, los afectados confían en que la medida no sea obligatoria y se quede solo en una recomendación, de manera que cada uno tome sus propias decisiones. “¿Y qué van a hacer? ¿Ordenar todos los días una inspección para ver a cuánto tenemos el aire? Son auténticas chorradas”, concluye un salmantino.

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