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El primer bosque, en el entorno del Puente Romano (1995-1999).
Una placa recuerda el bosque de olmos que ya no existe. | ALMEIDA

La huella desaparecida de Ibarrola en Salamanca

El escultor, que ha cumplido 90 años, dejó su impronta en un bosque de olmos en las inmediaciones del Puente Romano y en otro junto a la iglesia del Arrabal, pero ya solo se ven en los archivos fotográficos

Domingo, 16 de agosto 2020, 20:22

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El escultor y pintor vasco Agustín Ibarrola cumplirá 90 años este 18 de agosto. Su huella en Salamanca solo se puede seguir ya a través del archivo fotográfico. En la ciudad creó dos bosques de olmos, ya desaparecidos. El primero en 1995 junto al Puente Romano y el segundo, junto a la iglesia del Arrabal, donde ya solo queda una placa de recuerdo.

El proyecto de 1995 surgió por encargo del Ayuntamiento que presidía Jesús Málaga. Primero se talaron y pintaron algunos olmos secos en el centro de la ciudad, antes de que se instalaran otra treintena junto al río. Pero hubo polémica. Mientras la Comisión de Patrimonio del Ayuntamiento aprobaba el proyecto mayoritariamente, Patrimonio de la Junta propuso que se suspendiera la iniciativa por su incidencia sobre el Puente Romano. Ignacio Berdugo, rector de la Universidad de Salamanca, ofreció su apoyo incondicional al proyecto. Ibarrola dijo entonces que el bosque no se percibía desde el entorno del puente, que se hallaba a 70 metros de distancia. También se puso vigilancia a los árboles, ya que había sectores que consideraron el proyecto impropio de una ciudad como Salamanca.

El primer proyecto nació en 1995 con polémica y el último ya había desaparecido para 2012 por su abandono y deterioro

Ya con Julián Lanzarote como nuevo alcalde con mayoría absoluta, el nuevo edil declara en junio de 1995 su apoyo al bosque de Ibarrola y Patrimonio levanta la suspensión de las obras. Pero la intervención en la naturaleza, un proyecto en el que intervinieron alumnos de la Facultad de Bellas Artes de Salamanca, tuvo una vida efímera. En febrero de 1999 el Ayuntamiento desmantela el bosque, después de cuatro años, para acondicionar y urbanizar la margen izquierda del Tormes. En julio del 2000 anuncia que el nuevo emplazamiento será el Arrabal con 40 olmos que tendrán como motivo central un reloj de sol creado con los árboles. En 2010 Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio reclama que se tomen medidas para frenar su abandono y deterioro. Pero para verano de 2012 ya habían desaparecido los últimos árboles que conformaban la intervención junto a la iglesia del Arrabal. Y hoy solo queda una placa de recuerdo.

Un artista con obras conectadas con la naturaleza

Agustín Ibarrola (Bilbao, 1930) ha intervenido en la naturaleza en múltiples ocasiones. Su obra más reconocible es el bosque de Oma, en Vizcaya, cercano a las cuevas prehistóricas de Santimamiñe y a su actual residencia, con árboles en los que se han realizado pintadas y que, vistos desde diferentes posiciones, componen diferentes figuras geométricas, humanas y animales. Esta obra del artista, que conoció las cárceles franquistas como miembro del Partido Comunista, ha sido atacada en más de una ocasión. En Oma fueron talados dos árboles en mayo del 2000 y se eliminó la pintura de 80 ejemplares con hachazos concienzudos. En marzo de 2003 también había sido atacado por los proetarras, que además de dañar la obra dejaron escrita una amenaza: “Ibarrola español. ETA mátalo”. En 1993 algunas de sus obras, y otras de Jorge Oteiza y Jon Iturrarte en el País Vasco, sufrieron sucesivos atentados por motivos políticos. El escultor vivió escoltado de mayo del 2000 a marzo de 2003.

Un proyecto de siete millones de pesetas

El Consistorio apostó en el 2000 por el bosque de olmos frente a la iglesia del Arrabal, con un presupuesto de siete millones de pesetas, a raíz de un ataque sufrió el bosque de Ibarrola en Oma, en la provincia de Vizcaya, con pintadas a favor de ETA, aunque en un año estuvo restaurado completamente y recibía anualmente 100.000 visitantes.

Muerte por falta de mantenimiento

El escultor Aquilino González, que estuvo al frente de los alumnos que intervinieron para crear el bosque encantado junto a la iglesia del Arrabal, recomendó una restauración periódica cada dos años con seis personas escogidas por la Facultad de Bellas Artes. Pero con la falta de cuidados, el bosque desapareció en 2012.

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