15 diciembre 2019
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La historia que Alfonso Guerra quiso llevar al cine y que el salmantino Ferreira Cunquero ha novelado

El escritor repasa la vida de Bartolomé González, corresponsal de guerra, aviador de la II República y fugitivo en la Sierra de Francia

30 sep 2019 / 19:25 H.

José Manuel Ferreira Cunquero narra en “Casa Baja” la apasionante historia de Bartolomé González, corresponsal de guerra, aviador de la II República durante la Guerra Civil, que también combatió a los nazis en África junto a la Legión Extranjera y posteriormente, como dinamitero, formó parte de la Resistencia en Francia. En 1946 entró en España junto a un grupo de maquis para establecerse en la Sierra de Francia de Salamanca.

–La historia de Bartolomé González, que fue el primer alcalde de la democracia en Móstoles por el PSOE, es real.

–Me la contó mi amigo Luis Calvo Rengel, que fue concejal del Ayuntamiento y diputado provincial en Salamanca, y me apasionó. Además apenas es conocida. Alfonso Guerra, exvicepresidente del Gobierno con Felipe González, le pidió a Bartolomé que no la contara porque quería llevarla al cine.

–Casa Baja es un convento abandonado.

–Es el convento de los dominicos, que aunque tiene sus propietarios está cerrado y abandonado a su suerte. Allí iban los dominicos en invierno. Pero con la desamortización lo tuvieron que abandonar porque no lo podían mantener. A la Casa Baja es donde llegan los maquis, que vienen de Francia. Y lo curioso es que Casa Baja es el lugar donde salvan la vida los dos únicos maquis que sobreviven. Calvo Rengel me contó la historia de este personaje desde que termina la carrera de Medicina en Madrid al inicio de la Guerra Civil. Su intención era que yo escribiera una biografía del personaje, pero a medida que avancé en mi investigación me di cuenta de que tenía la posibilidad de escribir una novela. Porque cuando este hombre alcanza un reconocimiento y un subsidio en Francia, se entera de que viene un grupo de maquis a Salamanca y se viene con ellos a cumplir una misión en Salamanca.

–Apenas se sabe nada de los maquis en la provincia.

–Ellos vienen con una misión, creyendo que van a restablecer la República en España otra vez porque les van a ayudar los franceses e ingleses, con quienes han combatido en Europa. Poco a poco se darán cuenta de que están más solos que la una. Son los perdedores de la Guerra Civil, guerrilleros de izquierdas, socialistas y comunistas, que fueron aniquilados más tarde. Y a Salamanca vienen, con una misión muy específica, a realizar un ajuste de cuentas.

–¿Cuál es el desenlace?

–Un montón de muertos. Hay tres muertes, por un lado, y caen otros 15 maquis de los 17 que llegan a Salamanca después de cruzar los Pirineos por Ordesa.

–Todos son varones.

–Sí, pero en la Resistencia hay una historia de amor con una guerrillera en Francia. Eso es ficción... pero supongo que algo habría porque Bartolomé era un tío guapo.

–Le conoció.

–Sí, cuando Calvo Rengel me dijo que fue el primer alcalde de la democracia en Móstoles, descubrí que le había conocido cuando yo viví allí.

–En Salamanca hay descendientes de los muertos.

–Todo ocurrió en el pueblo de Los Santos y solo cuento lo que Bartolomé le contó a Calvo Rengel, pero no quiero abrir heridas.

–Le movió la historia humana.

–Siempre he recogido historias de la Guerra Civil. Conozco muchas historias.

–Le ha dedicado mucho tiempo a “Casa Baja”.

–Siete años. Tuve que parar para averiguar qué pasó en la Sierra de Francia. Los periódicos locales no publicaron nada hasta que descubrí que se publicó en “Mundo Obrero”, en Francia en 1946, y en “Alianza Española” en México. Y encontré datos en el Archivo Diocesano.

–¿Por qué escribe?

–A mis años escribo porque tengo necesidad de escribir, sin ninguna perspectiva especial.

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