18 julio 2019
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La historia de los dos salmantinos que formaron parte de “Los últimos de Filipinas”

Miguel Méndez Santos y Domigo Castro Camarena participaron en el “Gesta de Baler”

08 jun 2019 / 12:18 H.

En la guerra de Filipinas a finales del siglo XIX, cincuenta y cuatro soldados españoles, dos de ellos llegados desde Salamanca, resistieron heroicamente durante 337 días el asedio de cientos de nativos, enfrentándose no sólo a los constantes ataques, sino a enfermedades mortales como el beriberi (carencia de vitamina B1), el hambre, la desesperación y la muerte. Lo hicieron recluidos en una iglesia de Baler, en la costa del Pacífico, a 280 kilómetros de Manila, donde ondeó hasta el final la bandera española. Fue la “Gesta de Baler” cuyo 120 aniversario se cumplió el pasado 2 de junio y que ayer se recordó en una conferencia organizada por el Regimiento de Ingenieros en el Casino, impartida por el teniente en la reserva Miguel Leiva Ramírez, coautor del prestigioso libro de investigación con documentación inédita “Los últimos de Filipinas. Mito y realidad del Sitio de Baler”.

Entre los militares más jóvenes que protagonizaron esta hazaña de la historia de España, en su mayoría del Batallón de Cazadores, el cuerpo de elite de la época, se encontraba Miguel Méndez Santos, de sólo 20 años y natural de Puebla de Azaba. “Miguel Méndez tuvo una intervención muy brillante en el asedio. Enfermo de beriberi, tuvo una leve mejoría al comer plantas del entorno de la iglesia y con una sabia intuición propuso romper el cerco, quemaron una casa de los nativos, para poder salir y cambiar esa dieta sin vitamina B1 que les estaba matando”, destaca el teniente Leiva.

Otro joven de 21 años, que se presentó voluntario para combatir en Filipinas era Domingo Castro Camarena. Vivía en Sanchotello donde trabajaba como cantero a finales del XIX. De allí viajó en 1897 a Filipinas donde estuvo combatiendo durante un año, antes del asedio de Baler.

Relata el militar investigador que curiosamente tras haber superado el terrible asedio, Castro Camarena casi pierde la vida en el camino de vuelta a Manila. “Castro Camarena iba en un vehículo tirado por bueyes, de avanzadilla, custodiando las pertenencias y documentación del destacamento de los últimos de Filipinas. Sufrió una emboscada y le robaron todo. Le pegaron tal paliza que casi lo matan”, relata Leiva.

Para Miguel Méndez y Domingo Castro, la guerra de Filipinas fue una experiencia nueva que cumplieron con matrícula de honor. Pese a escribir una de las páginas más brillantes de la historia militar española, a su regreso a España tan sólo recibieron una cruz al mérito militar con distintivo rojo con una pensión mensual vitalicia de 7,5 pesetas. Méndez ingresó en el cuerpo de Carabineros (lo que sería el cuerpo de Policía) y fue destinado a Salamanca en 1904, mientras que Castro Camarena ya no regresó a Salamanca pero también ingresó en los Carabineros, según detalla el teniente Leiva.

“Lo importante de los ‘Últimos de Filipinas’ es que no sólo demostraron tener virtudes militares, sino también humanas. Fue una conjunción de virtudes militares como muchísimo valor, disciplina, espíritu de sacrificio. Pero también muchas virtudes humanas. Hubo mucho compañerismo y ayuda e importó lo colectivo frente a lo individual”, subraya Leiva que destaca a este grupo humano como “ejemplo de resistencia para aguantar el hambre y la enfermedad”.

337 días soportando disparos constantes, cansancio, estrés, cercados, sin comida, primero alimentándose a base de arroz y latas de sardinas y después de ratas, plantas, perros y animales, cuando podían salir. “Fue una época triste porque España perdió su imperio, pero los militares españoles dejaron patente su calidad en este último episodio. Fue la nota heroica en unos momentos difíciles. Hicieron una hazaña que tuvo mucha repercusión mundial y Salamanca debería honrar también a sus héroes”, propone el investigador.