31 marzo 2020
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La cruda historia de dos salmantinos enganchados a las apuestas: “Me veía sin salida. Intenté suicidarme dos veces”

Mateo y Pedro cuentan el infierno que han tenido que pasar

23 feb 2020 / 11:35 H.

He perdido diez años de mi vida, diez años no vividos y sin madurar por la adicción al juego”. Lo reconoce Mateo, exjugador de apuestas deportivas online, enganchado durante más de ocho años a esta modalidad. Ocho años en los que apostaba prácticamente los 7 días de la semana. Daba igual el deporte. Fútbol, baloncesto, volley... Desde la soledad. Desde el ordenador de su casa. Un adicción tan grave que le llevó a perder 300.000 euros, además de buena parte de su buen sueldo de funcionario durante esos más de ocho años. “Ganaba 2.000 euros, pagaba el alquiler, llenaba la nevera, dejaba un poco para la luz y el resto me lo pulía. El día 5 de cada mes ya no tenía un duro”. Algún día llegaba a trabajar sin dormir, tras pasar toda la noche apostando. Otras veces sin ducharse. Una vida dominada por el juego en la que Mateo perdió el control por completo. Tanto que llegó a intentar quitarse la vida en dos ocasiones.

“Acabé con todos los ahorros de mi madre. Ella fue un día al banco porque le habían devuelto un recibo del teléfono y le dijeron que no tenía ni un euro. Yo le confesé que me lo había fundido. Que era ludópata... y en ese intervalo intenté suicidarme. Llegué a vender una casa de mis padres para gastármelo en las apuestas. Me veía sin salida y pensaba que lo mejor que me podía pasar era morirme para dejar de sufrir y dejar de ser un estorbo. Me veía impotente para el cambio y pensaba que esto sólo podía empeorar. Cuando estaba totalmente hundido y sin dinero me entró una depresión tremenda y otra vez me intenté quitar la vida. Me llevaron en la ambulancia a la UCI y me hicieron un lavado de estómago”, relata Mateo en la sede de Asaljar en la plaza de San Vicente, la Asociación de Jugadores de Azar Rehabilitados de Salamanca, donde recurrió hace año y medio a pedir ayuda cuando había “tocado fondo”.

“Cuando llegué estaba anímicamente destrozado, no sabía ni donde estaba”, reconoce.

El juego provoca distorsiones del pensamiento y por eso es casi imposible que los ludópatas pidan ayuda. Creen que son capaces de manejar esa situación y tienen la idea mágica de minimizar los riesgos y maximizar las ganancias y creer que van a solucionar el problema. Pero no es así.

“La noche que más gané fueron 24.000€. Sólo me dejaron sacar 3.000 al día. Lo hice tres días y al cuarto me fundí el resto”

La terapia ha sido dura para Mateo, como para el resto de hombres y mujeres, cada vez más jóvenes de toda Salamanca, Ávila y Zamora, que llenan las salas de terapia de Asaljar prácticamente todos los días de la semana. La mayoría llega como “voluntarios forzosos”. Primero dejan de jugar, deben dejarse llevar y cumplir unas normas, y con el paso del tiempo acaban entendiendo el problema. Cuanto más acuden a las terapias semanales y a los grupos de autoayuda, más comprenden que para permanecer inactivos, deben cambiar de hábitos y saber lo que pueden hacer y lo que no. “Tienen que tener muy claro de por vida que el juego no puede formar parte de sus vidas, si no quieren acabar en más de lo mismo. Con el juego, la vida es de asco, acaba con ellos y con las familias”, explica Luisa Ventola, la psicóloga y directora técnica de Asaljar, que ejerce un papel fundamental para los jugadores en rehabilitación.

Mateo comenzó en las apuestas online por un bono de bienvenida. “Estaba escayolado, en casa. Un amigo me habló de las apuestas. Entré en miapuesta.com, una casa que ya no existe. Sólo hay que registrarse, ingresar 100 euros y te regalan otros 100. Eso sí, con esos 100 tienes que apostar aproximadamente 7 veces y es difícil que en una no caigas, que ganes algo y te enganches. Perdí 1.000 euros. Quería recuperarlos y seguir con mi vida. Luego eran 6.000 y otros 6.000. Cuanto más tiempo, más deterioro y más gasto a gran escala”, explica este hombre que hace un mes acudió con su madre a la manifestación en la Plaza Mayor contra el sector del juego y la proliferación de las casas de apuestas en los barrios. Nos enseña el vello de punta cuando recuerda aquella tarde en la que gritaba “Ganan cuatro, pierden todos”. Él sabe muy bien lo que es eso.

“La noche que más gané con las apuestas fueron 24.000 euros. Lo primero que dije fue: voy a cobrarlo. Era buen cliente y aún así no me dejaron retirarlo todo en un sólo día. Sólo me dejaban 3.000 como máximo por día. Llegué a sacar 9.000 y el resto me lo fundí en el propio juego. Lo cuento con frialdad porque he intentado suicidarme dos veces. Cuando interviene el dinero y mi familia, es muy duro y no me lo podré perdonar nunca. Es una enfermedad y no justifica lo que he hecho, pero lo importante es que pueda seguir adelante”, explica Mateo, que ha recaído en dos ocasiones durante el año y medio de terapia. “He recaído por no hacer bien las cosas. Lo que más me cuesta es no mezclar problemas. Pero ahora me encuentro muy bien y muy agradecido a la asociación. Para mí, venir aquí es fundamental. Es la pastilla que necesitamos para encontrarnos mejor”, subraya.

“Pedí tantos microcréditos que ya no sabía lo que debía ni a qué entidad”

En contra de lo que mucha gente cree, las máquinas tragaperras no sólo enganchan a personas de más edad y los juegos online sólo a los jóvenes. Un ejemplo es Pedro, joven de 30 años adicto desde hace seis años a las tragaperras que hay en los bares. Fue en la época del instituto cuando en los recreos, al salir a tomar el café al bar empezó a echar “un eurillo” a la máquina tragaperras. Después, en las clases que se “piraba”, comenzaron las cervezas y un euro tras otro a las máquinas. “Ves que te toca, invitas a cervezas y hay borrachera. Pasa un tiempo y no vuelves. Pero cuando comienzas a hacer vida de bares y sales por la noche volví a engancharme. Me di cuenta de que salía de fiesta porque quería jugar. Como eres ludópata, cuando ganas, no sacas el dinero ganado, sino que lo vuelves a meter en la máquina y te quedas sin nada. Cuando me fundía todo me iba para casa”, relata este joven que lleva cinco meses acudiendo a las terapias de Asaljar, aunque confiesa que ha sido hace tan sólo dos semanas cuando ha sido consciente realmente del problema que tenía.

“Yo cuando llegué a Asaljar, pensé que mi problema eran las deudas, no el juego. Era mi distorsión y me costó entenderlo. Pero cuándo te das cuenta de dónde te has metido, ves cómo se deterioran las relaciones con tus padres, tu pareja... y cómo se hunde la familia entera. Lo peor no es el dinero, sino las relaciones, que ni tú mismo te cuidas y te da igual todo. Te vuelves manipulador, engañas, mientes. No eres tú mismo y mañana puedes estar preso fácilmente con tal de jugar”, relata sincero.

“Lo peor no es el dinero, sino las relaciones, que ni tú mismo te cuidas y te da igual todo. Mañana puedes estar preso”

Pedro tiene su trabajo, su sueldo, su novia y vive con sus padres. Éstos jamás sospecharon del problema de su hijo. Con la excusa del trabajo o la pareja, él entraba y salía y camuflaba su adicción. Pasaba horas en los bares arruinándose, pegado a la máquina tragaperras. “Llega un momento en el que no trabajas para ganar dinero, sino para jugar. y llega el día 5 de cada mes y te has fundido el sueldo. Pides un préstamo de 300 euros. Es muy sencillo, sólo te piden un número de cuenta y un DNI escaneado y en tres minutos ya tienes el dinero en la cuenta. Son mini créditos a 30 días. Los primeros 300 euros son sin intereses. Al mes siguiente dices, guardo 300 del sueldo y no los gasto para pagar el crédito. Pero te los gastas, y pides otro crédito de 300 euros que ya tiene 50 euros más de intereses. Cuando no vas pagando, los intereses van subiendo y a los 30 días si no has pagado, el interés se multiplica. Intereses abusivos, que si pides 500, debes 700 euros...”, relata Pedro que llegó a deber 30.000 euros en microcréditos.

“Cuando me he puesto con el pago, no sabía en qué entidades los tenía pedidos. He tenido que buscar por internet. Yo sabía que pagaba intereses muy altos pero los seguía pidiendo. Mi cabeza solo quería dinero porque pensaba que era una inversión”, confiesa.

Cuando Pedro estaba en situación límite y las deudas le ahogaban se lo contó a su madre, que le ayudó a pagar las deudas y acudieron a pedir ayuda a Asaljar. En las terapias, el familiar de apoyo tiene un papel fundamental: aporta información, realiza el control y da apoyo afectivo. El joven denuncia que en las máquinas tragaperras no exista ningún tipo de control, ni de edad ni de que se pueda aplicar la autodenuncia para que no te deje jugar, y se queja de las nuevas máquinas de apuestas que se están instalando en muchos bares.

En plena rehabilitación, Pedro está comenzando a desempañar su mirada, a tener empatía, a tener ganas de llenar su vida de cosas productivas y felices, y a hacer esfuerzos que tengan recompensa. Pero lanza una reivindicación: “Estas asociaciones que nos ayudan necesitan más reconocimiento. No es lo mismo un psicólogo que un profesional especializado en juego, porque marca la diferencia. Doy gracias a Luisa, psicóloga, si no, no sé dónde estaría...”.

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