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Fernando Atrio-Barandela, catedrático de Física Teórica de la Universidad de Salamanca.
Investigadores de la NASA y de la Universidad de Salamanca detectan un rasgo peculiar en rayos gamma de fuera de nuestra galaxia

Investigadores de la NASA y de la Universidad de Salamanca detectan un rasgo peculiar en rayos gamma de fuera de nuestra galaxia

Fernando Atrio-Barandela, catedrático de Física Teórica de la institución salmantina, es uno de los autores de la investigación publicada en la revista 'The Astrophysical Journal Letters'

Jueves, 11 de enero 2024, 18:09

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Investigadores de la NASA y de la Universidad de Salamanca han encontrado una característica inesperada y todavía no explicada en la emisión de rayos gamma provenientes de fuera de nuestra galaxia, según constatan después de analizar datos obtenidos durante 13 años por el satélite Fermi de la NASA, y cuyos resultados se han publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters.

«Es un descubrimiento totalmente fortuito», explica Alexander Kashlinsky, cosmólogo de la Universidad de Maryland y del Goddard Space Flight Center de NASA, en Greenbelt, Maryland, quién ha presentado estos resultados en el congreso 243 de la Sociedad Americana de Astronomía celebrado del 7 al 11 de enero en Nueva Orleans. «Hemos encontrado una señal mucho más intensa y en otra parte del cielo en la que estábamos buscando», precisa uno de los coautores del estudio.

Sorprendentemente, la señal en rayos gamma se encuentra en una dirección próxima y con una magnitud casi idéntica a la existente en los rayos cósmicos más energéticos detectados.

Los investigadores buscaban medir en rayos gamma un efecto presente en el fondo cósmico de microondas (FCM), la luz más antigua del Universo. Esta radiación se originó cuando la expansión del Universo permitió la formación de los primeros átomos, evento que propició la liberación de radiación que, por primera vez, pudo propagarse por el espacio. Debido a la expansión, en los 13.000 millones de años siguientes la frecuencia de esta radiación se fue desplazando hacia valores más pequeños y fue detectada por primera vez en 1965 en el rango de microondas.

Efecto Doppler

En los años 70, los astrónomos consiguieron determinar que el FCM presentaba una estructura dipolar que fue posteriormente medida con gran precisión por la misión espacial Cosmic Background Explorer (COBE). La radiación era aproximadamente un 0.12% más intensa que el promedio en la dirección de la constelación de Leo, y menos intensa en la misma proporción en la dirección opuesta. Se considera que esas variaciones de temperatura son el resultado del movimiento de nuestro sistema solar relativo al FCM con una velocidad de 370 km/s.

Por efecto Doppler, el movimiento del sistema solar da lugar a un dipolo de igual dirección y amplitud en la radiación proveniente de cualquier fuente astronómica, pero hasta hoy solamente se ha medido con precisión este efecto en el FCM. Verificando la existencia o no de este rasgo en radiación a otras frecuencias, los astrónomos podrían confirmar o rechazar la idea de que el dipolo se debe exclusivamente a nuestro movimiento.

«Estas medidas son importantes porque cualquier disparidad con la amplitud y dirección del dipolo del FCM permitiría atisbar los procesos físicos que determinaron la evolución del universo primitivo, en un instante posterior al Big-Bang», explica Fernando Atrio-Barandela, catedrático de Física Teórica de la Universidad de Salamanca.

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