21 agosto 2019
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Holgado, el jugador de la UDS que acabó siendo juez

Federido Holgado Madruga compaginó sus estudios de Derecho con su puesto de centrocampista en la UDS en los ochenta. Ahora es magistrado de la Audiencia de Barcelona

26 may 2019 / 13:10 H.

Antiguo alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca y ex centrocampista de la UDS, Federico Holgado Madruga (Salamanca, 1964) es desde el año 2014 magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona. Con anterioridad ha estado destinado en el juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Zafra, en el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 4 de Plasencia y en los juzgados de Primera Instancia número 1 y 8 de Tarragona. Profesor-tutor de jueces en prácticas de la Escuela Judicial y colaborador de la Facultad de Derecho tarraconense, es desde el año 2003 consultor del Servicio de Relaciones Internacionales del Consejo General del Poder Judicial.

¿Eligió la carrera de Derecho para impartir justicia?

No era mi prioridad inicial, porque opté por Derecho prácticamente por descarte de otras alternativas que también me atraían como periodismo y psicología, pero con el paso de los cursos comprobé que efectivamente me había decantado por una materia que me apasionaba y entre cuyos alicientes se encontraba, ciertamente, intentar resolver con honestidad los conflictos de los ciudadanos.

¿Su afición al fútbol le permitió cumplir con los exámenes?

Con muchísima dificultad, porque se trata de dos actividades cuya compatibilización exige mucho esfuerzo. Procuré aceptar el reto, pero había momentos en los que tenía la sensación de no superarlo. Me apasionaba el fútbol pero no podía renunciar a mi carrera, y en no pocas ocasiones me presentaba en un entrenamiento o en un partido después de haber pasado una noche en blanco estudiando. Aunque solo el tiempo y la vida me convencieron de que en realidad no reunía las cualidades necesarias para triunfar en el fútbol, jamás me arrepentí de compaginarlo con los estudios, y menos cuando siempre he pensado que me proporcionó capacidad de sufrimiento y la fuerza de voluntad necesaria para afrontar una etapa tan dura, física y mentalmente, como fue la oposición a judicatura.

Centrocampista de la UDS, ¿cómo recuerda esta etapa?

Aunque durante algún tiempo entrenaba con la plantilla de la UDS y pertenecía formalmente al primer equipo, lo cierto es que no llegué a cumplir plenamente mi sueño porque apenas disputé algún partido oficial. Recuerdo el que jugué contra el Bilbao en el antiguo estadio de San Mamés, porque los futbolistas profesionales estaban en huelga. Entonces la UDS estaba en segunda división. Antes del Salamanca jugué en el Atlético de Madrid juvenil, aunque solo un año. Me ficharon con 16 años, cuando jugaba en un equipo de Salamanca, el Balmasa. Definitivamente dejé el fútbol en 1987, con 23 años, cuando empecé las oposiciones. Nadie fue capaz de quitarme la ilusión hasta que la razón y la sensatez me indicaron el camino y me convencí -y me convencieron- de que debía optar por otras alternativas en mi vida. Pero fui feliz, y lo soy siempre que lo recuerdo.

En su labor como magistrado, ¿es necesario saber regatear bien?

Sin duda alguna. La resolución de una buena parte de los conflictos que los ciudadanos llevan a los tribunales exige la aplicación del sentido común, aparte de tacto y sensibilidad para tratar con los profesionales que gestionan aquellos conflictos en el ámbito judicial. Sin prescindir del conocimiento jurídico, el juez debe desplegar el máximo esfuerzo para empatizar con el ciudadano, situarse en su lugar y tratar de comprenderlo. Lo que para un juez puede ser un asunto más de los miles que se le plantean a lo largo de su vida profesional, para el ciudadano puede que represente algo único trascendental en su vida, y la función del juez es detectar la relevancia del problema y solventarlo con dedicación y profesionalidad, pero sin marginar el aspecto humano del conflicto.

¿En Cataluña los jueces disfrutan de independencia?

El primer rasgo que define a un juez es la independencia. Sin independencia no hay juez, en el sentido de que debe afrontar la resolución de los conflictos sin interferencia externa alguna, con plena objetividad y con la única referencia de la ley y de su conciencia. Y por supuesto que los jueces disfrutan de independencia en Cataluña, porque estoy convencido que en caso contrario no ejercería la función judicial. Distinto es que en algún momento se perciba, de forma directa o indirecta, alguna clase de actuación o comportamiento con potencialidad para influir en una determinada decisión, pero son casos absolutamente excepcionales, y no son exclusivos de Cataluña ni se relacionan necesariamente con el conflicto que allí se vive. Personalmente no he identificado a lo largo de mi vida profesional ninguna circunstancia que haya afectado a mi independencia.

¿Cómo está viviendo en su día a día el conflicto separatista?

Cuando llegué a Cataluña en 1998, mi intención inicial era ejercer durante dos años y regresar a mi tierra salmantina. Pero tanto a mí como a mi familia los catalanes nos acogieron con cariño y calidez, hasta el punto de que hasta la fecha seguimos residiendo allí. Pero no puede negarse que el ambiente no es el mismo en los últimos años, y el conflicto separatista se vive con preocupación y tristeza. Las posturas se están extremando y no se vislumbra posibilidad de retorno a la situación anterior. En la sociedad, en la calle, en los centros de trabajo, todo ha cambiado mucho, incluso las relaciones sociales. No es honesto negarlo.

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