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Gabriel Velázquez ARCHIVO
Gabriel Velázquez: «Mi cine es muy de autor, de improvisación y de personajes de la vida; es lo que me gusta hacer»
ENTREVISTA AL DIRECTOR DE CINE

Gabriel Velázquez: «Mi cine es muy de autor, de improvisación y de personajes de la vida; es lo que me gusta hacer»

El realizador salmantino ha sido nombrado miembro de la Academia de Cine Europeo

Lunes, 1 de julio 2024, 11:39

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Nombrado recientemente miembro de la Academia de Cine Europeo, el director salmantino Gabriel Velázquez no descarta emprender este mismo año varios «pequeños proyectos» cinematográficos para los que ya cuenta con el presupuesto y el emplazamiento, que volverá a ser Salamanca, su ciudad fetiche.

Acaba de ser nombrado miembro de la Academia de Cine Europeo. ¿Sorprendido?

—Me hizo mucha ilusión. Yo ya soy miembro de la Academia de las Artes Cinematográficas de España y este nuevo nombramiento me ha hecho mucha ilusión. Tengo una relación bastante maja con el Festival de Berlín y con todos los festivales, y quieren relanzar la Academia para que tomemos un poco de conciencia de Europa y del cine europeo. No fue una sorpresa, pero sí me hizo mucha ilusión.

¿A qué se debe este reconocimiento?

—En mi trayectoria profesional desde «Sud Express» siempre ha estado muy presente Europa y también el mundo de las tradiciones. En este caso, se valora una trayectoria cinematográfica especial y el hecho de que mi obra tiene una calidad y una calidez especial. Estoy muy contento.

¿Qué implica este nombramiento?

—Poco. A nivel personal está bien, pues te permite ampliar contactos y también te da un poco de renombre, pero no es como presentar una película. Eso sí, tendré que ir a reuniones, conferencias, sesiones de trabajo, ver todas las películas y votar para los premios de cine europeo igual que lo haces en España para los Goya. Estar ahí está muy bien.

Al menos sí supone un compromiso por seguir por este mismo camino…

—Es un arma de doble filo. Implica que lo que haga esté bien y que siga marcando el territorio. No me lo van a quitar ahora, aunque haga una película que no siga estas pautas (risas). Mi compromiso es seguir esta línea ya iniciada.

Este reconocimiento viene a confirmar que está bien considerado en el sector…

—Sí, sí, sí. Eso es cierto. Hace poco viene a la clausura del curso de Guion de la Pontificia y los alumnos, a pesar de su juventud, rápidamente me reconocieron y sabían de mis películas. Yo estaba alucinado. Dentro del cine tengo buena consideración y saben que las cosas que he hecho son diferentes, especiales, que siguen por otros caminos. En mi caso, los proyectos no son nada comerciales, sino que van buscando nuevos lenguajes, que es lo que siempre trato de hacer. A lo largo de los años, yo he ido cambiando cada dos por tres. Puede ocurrir que tenga el proyecto ya cerrado, pero voy por la calle y me encuentro un personaje que me gusta, pues cojo y lo meto en la película. Hago un cine muy vivo. Al menos es lo que intento.

¿Diría que el suyo es un cine de autor?

—Muy de autor. Y de improvisación y de personajes de la vida real. Es lo que me gusta hacer.

¿Y es también un cine social?

—Más que social, es un cine humano. Yo no trato de politizarlo en ningún momento. Son personas que me atrapan, que me gustan sus vidas, hasta el punto de que en algunos casos sí que están un poco marginados, como ocurría en «Ártico» con los quinquis, personajes que siempre me han gustado desde pequeño. Pero en «Iceberg», por ejemplo, son niños de clase normal que su vida transcurre alrededor del Tormes. En «Sud Express» son personajes que nos fuimos encontrando en el recorrido del tren entre París y Lisboa. «Análisis de Sangre» fue una película de época, inventada… Por tanto, más que sociales son humanas y tal vez antropológicas, costumbristas… No me gusta que se considere cine social, son historias humanas personales. Y lo más importante: casi todo lo hago en Salamanca.

Un cine personal, pero también arriesgado...

—Lo sé. Tengo muchos amigos que han buscado hacer cine comercial, pero para eso tienes que buscar muchas productoras potentes y al final ya no haces tu película e incluso puede ocurrir que salga mal. Pasa también con las películas americanas. Al que le sale bien, estupendo, pero a los que no les sale bien, no levantan cabeza, pues han llegado a hipotecar su casa y se han tirado toda la vida sin ganas de volver a hacer cine. Y no son pocos los que han llegado a ese extremo. Este es otro camino, que es el cultural, que a mí me gusta más y que también tiene su financiación. Pero te da más libertad y también más satisfacciones. Otros se orientan por el cine comercial, pero son pocos los que han triunfado: de mi época está Bayona, los demás no han llegado a hacer ninguna película. Y yo no solo he conseguido hacer una, sino que llevo ya ocho, además de cortos y publicidad…

Y a pesar de ser un cine poco comercial, sus películas han viajado por medio mundo.

—Es cierto. He conseguido estar con mis películas en festivales y países como San Sebastián, Berlín, Toronto, Miami, Japón, Brasil, Colombia… Me he recorrido medio mundo con mis películas y eso es precioso. Esto es una pasada.

¿Qué es lo más complicado?

—Conseguir financiación. La convocatoria sale cada año y si no tienes algo preparado no te dan el dinero. Es como las fichas del dominó, una vez que te dan una, llegan las demás, todo viene encadenadas. También hay veces en las que no te incluyen y pasas un verano tristísimo. La televisión siempre ha sido el mejor recurso, pues te da mucha seguridad. Hay de todo en la vida del señor.

Y del cine, ¿se vive o se malvive?

—Ahora es complicado. Mis mejores años fueron al principio de mi carrera. Con el dinero que conseguí para hacer mi primera película ahora haría diez. Nos fue genial. Pero hay tanta competencia y las cosas se hacen tan baratas que resulta difícil. Los chavales hoy en día con una cámara pequeñita y un ordenador ya pueden hacer cualquier cosa. Han bajado los presupuestos y las cadenas te dan menos. Yo pasé unos primeros diez años geniales. Ahora, pues bueno… Te toca hacer otras cosas para vivir. Pero no me quejo.

¿Algún proyecto en mente?

—A partir de otoño e invierno tengo intención de hacer alguna cosita. Aún no se puede avanzar nada. Estoy con tres guiones y según me dé, así me decantaré. A mi me gusta la luz de otoño, para nada me gusta rodar en verano. Tengo tres cosas pequeñitas y cuento con un presupuesto. Tengo que hacerlo, por eso estoy un poco acongojado.

¿Y lo hará en Salamanca o en Madrid?

—En Salamanca, por supuesto. Hay cosas que todavía no he sacado y que existen. Es más fácil rodar y además son cosas que quedan para siempre. Tengo un proyecto que me gustaría hacer sobre mis recuerdos de juventud y eso lo tengo que hacer en Salamanca. Para mí es más fácil rodar en Salamanca y así estoy más cerca de mi familia y de mi gente.

¿Cómo ve la situación del cine en España?

—Yo no lo veo mal. Cuando ves la facilidad que tienen los que viven en regiones como Cataluña, País Vasco o Galicia alucinas. Disponen de financiación con poco que hagan. Ahora Madrid está también concediendo ayudas, se está empezando a mover. Pero hay mucha competencia. Con las plataformas hay muchos productos que se mueven, aunque los presupuestos son más bajos. Ahora son las mujeres las que están ahí, triunfando y haciéndolo muy bien, hay que reconocerlo.

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